Por Raúl Menchaca
LA HABANA, 31 dic (Xinhua) -- La cena con la familia o los amigos es la principal actividad entre los cubanos en el último día del año, pero también motivo para llevar a cabo simpáticas prácticas que buscan evocar de manera simbólica la prosperidad en el Año Nuevo.
Previo a la cena del 31 de diciembre, en que suena la música y muchos cubanos bailan, los invitados reunidos en casa de algún familiar o amigo comen los tradicionales chicharrones, que no son otras cosas que la piel frita del cerdo.
En la cena de fin de año en Cuba es tradición consumir cerdo asado, así como congrí, que es el arroz blanco cocinado con frijoles negros.
Se cena, además, yuca con mojo y tostones, que son plátanos verdes aplastados y fritos, además de ensalada, en especial de tomate y col, para concluir con postres de dulces caseros o turrones españoles.
La abundante comilona se acompaña con bebidas como ron y cerveza, en que la sidra se reserva para brindar a la medianoche.
El ánimo se agita a la medianoche, momento especial entre familiares, amigos y vecinos, que marca el inicio de una serie de prácticas y rituales tradicionales a manera de anhelos para tener un próspero y saludable Año Nuevo.
Una de las costumbres más simpáticas entre quienes desean viajar el año que comienza es quizá dar una vuelta a la manzana donde se encuentra la casa.
Esta práctica se lleva a cabo exactamente a las 12 de la noche del 31 de diciembre y se lleva consigo una maleta, vacía o llena, para simular con ello un viaje.
Otra práctica muy recurrente a la llegada de la medianoche el 31 de diciembre es lanzar a la calle un cubo de agua para simbolizar con ello que se lleve lo malo del año que termina.
Una versión muy tradicional de esta práctica es limpiar la casa durante el día, siempre desde dentro hacia afuera, y guardar el agua sucia de la limpieza para realizar el singular despojo por la noche.
La gente, sin embargo, lo que lanza por lo regular es agua limpia, pero de todas maneras no resulta aconsejable caminar bajo los balcones a las 12 de la noche, porque el paseante tiene muchas posibilidades de terminar con las ropas empapadas.
Se dice también, como creencia popular, que llevar dinero dentro del zapato o pisotear un billete de alta denominación a la medianoche garantiza la prosperidad económica al año siguiente.
Otra costumbre igualmente simpática, sobre todo entre mujeres, es utilizar al revés una prenda interior de color rojo, la cual debe colocarse al derecho a las 12 de la noche, algo que se supone garantizará suerte en el amor para los venideros 365 días.
Hay personas que en lugar de utilizar prendas interiores de color rojo las usan verdes, lo que ayuda a mejorar la salud, según estas prácticas de cada año como símbolos para cumplir anhelos.
Entre las parejas es usual también quitarse los anillos de compromiso, echarlos en una copa y brindar para traer felicidad a ambos, además de que si los aros son de oro, seguro llegará la bonanza económica.
Personas que aspiran al matrimonio tienen la creencia de que sentarse y pararse 12 veces seguidas a la medianoche, mientras comen seis uvas verdes y otras tantas moradas, les ayudará a hacer realidad sueños y ambiciones.
En muchas familias cubanas está arraigada la costumbre de confeccionar un muñeco con ropa usada, al que se le introducen tiras de papel en que las personas apuntan lo que desean olvidar o eliminar de sus vidas, antes de prenderle fuego y simbolizar con ello que se arrasa lo malo.
Prender fuego a ese muñeco y esperar a que se consuma resulta también un momento de diversión colectiva, pues por lo regular los vecinos se suman a la singular hoguera nocturna.
Acostumbrados al jolgorio y la alegría, muchos cubanos se toman muy en serio las costumbres de fin de año, con un lugar especial en el imaginario colectivo, como parte de las tradiciones populares que cada diciembre reaparecen entre las familias.
Los cubanos, por encima de estrecheces o dolores personales, cada 31 de diciembre tratan en general de ratificar lazos de unidad familiar.
Se trata de una costumbre que persiste en una isla cuya nacionalidad nació de una amalgama de culturas.
