COMENTARIO: Las triquiñuelas políticas en la política hacia China dañan intereses de EEUU

Actualizado 2015-02-16 14:14:44 | Spanish. xinhuanet. com

Por Wang Fan

NUEVA YORK, 16 feb (Xinhua) -- El reciente saludo del presidente estadounidense, Barack Obama, al Dalai Lama en un evento religioso celebrado en Washington fue una acción poca sabia, dado que no sirvió sino para añadir ambigüedades innecesarias y dañinas a su política hacia Beijing.

En el desayuno anual de oración, celebrado en 5 de febrero en Washington, Obama, ignorando la oposición de China, saludó al Dalai Lama y lo llamó "buen amigo", aunque el hombre, entre sus muchos roles autoproclamados, ha sido un político que ha dedicado toda su vida a separar el Tíbet de China.

El saludo mostró un grave desprecio a los intereses esenciales de China, y enfrió las relaciones entre Washington y Beijing, que se ha opuesto inequívocamente a cualquier encuentro entre el Dalai Lama y líderes extranjeros.

Pero una fría relación inter-Pacífica no es, claramente, algo que Washington quiera. Pocos días después, la administración de Obama invitó al presidente chino, Xi Jinping, a una visita de Estado en septiembre, acción que fue considerada ampliamente como, en parte, un remedio para el episodio del Dalai Lama.

Programar una visita de Estado con anticipación de siete meses es raro en diplomacia. Eso muestra que, en algún punto, Washington es plenamente consciente de la importancia de la interacción China-EEUU y el hecho de que tiene más que ganar de la cooperación con Beijing.

Obama tiene mayores posibilidades de realizar progresos en una serie de desafíos globales de la política exterior, entre ellos, los asuntos nucleares de Irán y de la Península Coreana, el terrorismo y el cambio climático, si EEUU y China se colaboran de manera efectiva.

Existen múltiples causas para el optimismo. Por una parte, los dos presidentes han mostrado su disposición a arreglar las causas inmediatas de las tensiones en las relaciones bilaterales, lo cual es el primer paso para resolver cualquier diferencia.

Por otra parte, en la reunión de líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) celebrada el año pasado, Obama y Xi lograron establecer un tono notablemente mejorado y anunciaron una serie de logros sólidos, incluidos un acuerdo climático histórico, un pacto militar destinado a evitar enfrentamientos, y un entendimiento para reducir las tarifas de los productos tecnológicos. Todo esto ha inyectado vitalidad en las relaciones entre China y EEUU.

Ahora, durante los próximos siete meses, los dos países deben trabajar aún más estrechamente para consolidar más los vínculos con más metas. EEUU, en particular, tiene que evitar medidas políticas imprudentes que puedan cambiar la tendencia positiva en los lazos bilaterales.

Solo de este modo, la visita de Estado de Xi a EEUU puede desempeñar plenamente su debido papel para promover un compromiso positivo entre las dos mayores economías del mundo y el cultivo de un nuevo modelo de relaciones entre países importantes.

El exsecretario del Tesoro de EEUU Larry Summers habló por muchos cuando dijo que se podría imaginar un siglo XXI en el que tanto EEUU como China prosperen, o uno en el que ambos países no logren prosperar, pero no se puede imaginar un siglo XXI en el que un país prospere y otro no.

Es una perspectiva importante a la que Washington tiene que prestar atención. Obama debe mostrar cautela al abordar los asuntos relacionados con los intereses fundamentales de China y evitar que las relaciones sufran contratiempos innecesarios.

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