COMENTARIO: La cobardía de Abe en materia histórica necesita una buena dosis de valentía alemana

Actualizado 2015-03-09 19:20:26 | Spanish. xinhuanet. com

BEIJING, 9 mar (Xinhua) -- Con la canciller alemana, Angela Merkel, arrancando una visita de trabajo a Japón este lunes, Tokio no mostraría su naturaleza oportunista si no intentase convertir a Berlín en un animador de su intento de ser "país normal".

Cuando anunció a finales del pasado mes el viaje de Merkel, el jefe de la Secretaría del Gabinete nipón, Yoshihide Suga, aseguró que a la administración de Shinzo Abe le gustaría hacer de la visita "una oportunidad para enviar al mundo el mensaje de que Japón y Alemania, como socios que comparten valores básicos, contribuirán de manera proactiva a la paz y prosperidad globales".

Y en enero, el ministro de Relaciones Exteriores japonés, Fumio Kishida, le dijo a su homólogo alemán, Frank-Walter Steinmeier, que sus países "deben anunciar mensajes positivos al mundo, mencionando sus contribuciones pasadas a la paz, estabilidad y prosperidad mundiales".

Esas declaraciones son una señal muy reveladora del intento de la administración de Abe de elevarse al nivel de Alemania en la escena internacional y explotar el viaje de Merkel para arreglar su mala imagen en los asuntos históricos y obtener el tipo de respeto global que Berlín disfruta.

Sin embargo, esta idea llena de ilusión es solo una quimera de Abe. Para empezar, no hay ninguna razón sensata para que Alemania rebaje su dignidad y apoye la cobarde e irresponsable postura histórica de Japón, a la cual China, Corea del Sur y la mayoría de la comunidad internacional están opuestos de manera firme y de la que incluso el aliado mas estrecho de Japón, Estados Unidos, se mantiene bien alejado.

Por otro lado, incluso si Tokio pudiese persuadir a Berlín para conseguir algún tipo de apoyo en su aspiración de convertirse en un "país normal", el respaldo de Alemania no ayudaría al Japón de Abe a parecer más normal, sino que solo revelaría cuánto de lejos está de ello.

Contra el telón de fondo de la valentía de Berlín en la reflexión histórica, la cobardía de Tokio es incluso más sobresaliente; contra el telón de fondo de la sinceridad de Berlín en el arrepentimiento histórico, la descarada impenitencia de Tokio parece todavía más vergonzosa.

Mientras el mundo se prepara para conmemorar el 70 aniversario del final de la II Guerra Mundial, la visita de Merkel presenta, de hecho, a Japón una oportunidad única. Pero no para que Tokio manipule el viaje con el propósito de revestir de oro su propia imagen, sino para aprender realmente algunas lecciones históricas de Alemania.

Es el momento de que Abe entienda que cuando el canciller de Alemania Occidental Willy Brandt se arrodilló ante el monumento a las víctimas del levantamiento del gueto de Varsovia, ocurrido en 1943, su nación se levantó.

Es el momento de que reconozca que pasar por alto las pasadas atrocidades de Japón y destruir su constitución pacifista nunca le llevará a pasar el umbral de ser un "país normal".

Y es el momento de que se dé cuenta de que sin una actitud correcta ante la historia, sin el coraje de enfrentarse al pasado militarista de Japón y asumir la responsabilidad inherente, su sueño de que Japón se convierta en un "país normal" nunca se hará realidad.

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