Por José Gabriel Martínez y Ricardo Montoya
GUADALAJARA, México, 19 jun (Xinhua) -- Cuando Roberto Guerrero recuerda la llamada que cambió su vida, todavía parece sorprenderse. Había pasado 15 años narrando partidos en radio, desde canchas modestas hasta encuentros de primera división, cuando recibió la noticia de que viajaría al Mundial de Inglaterra de 1966.
"Casi me desmayo", rememora entre risas en entrevista con Xinhua. Y es que para un joven comentarista mexicano de aquella época, asistir a una Copa del Mundo de fútbol era un sueño que parecía imposible.
Sesenta años después de su primera cobertura mundialista, en Inglaterra 1966, aquel sueño juvenil se ha convertido en una marca difícil de igualar.
A sus 90 años, Guerrero vive el Mundial de 2026 como el único periodista mexicano que ha relatado y comentado 15 Copas del Mundo, una trayectoria que lo coloca entre los cronistas deportivos más longevos y experimentados de América Latina.
Su historia corre en paralelo con la evolución del propio fútbol y de los medios de comunicación. Cuando cubrió su primer Mundial, las transmisiones todavía llegaban a México con horas de retraso.
Las imágenes viajaban desde Inglaterra hasta Nueva York, Estados Unidos, y después de ahí a México para ser emitidas en videotape durante la noche. Hoy, en contraste, millones de aficionados siguen los partidos en tiempo real desde teléfonos móviles y plataformas digitales.
"El Mundial de 1970 fue algo verdaderamente sensacional", recuerda Guerrero al evocar la primera Copa del Mundo organizada por México. Entonces participaron apenas 16 selecciones y la presencia de Brasil, con Pelé como figura central, despertó una fascinación que marcó para siempre la relación entre Guadalajara, en el estado mexicano de Jalisco (oeste) y el fútbol brasileño.
Para el comentarista, la diferencia entre los tres mundiales celebrados en territorio mexicano (1970, 1986 y 2026) refleja también la transformación del país y de sus aficionados.
México 1970 fue una novedad irrepetible, el primero transmitido a color, mientras que el segundo, México 1986, llegó acompañado por una mayor cultura futbolística. El actual se vive bajo una dimensión global, impulsada por la tecnología, la expansión comercial del deporte y una afición que sigue viendo al fútbol como una expresión de identidad nacional.
"El fútbol que nació en Inglaterra cobró factura de naturalización en México y lo sentimos como algo nuestro, algo mexicano", analiza Guerrero.
"Lo acapara todo en toda la geografía de la República Mexicana. Es el deporte nuestro por excelencia, eso es definitivo. Se vive, se siente, hay pasión, hay encanto por un equipo, hay pasión por otro, hay discusiones y hay un periodismo muy amplio en el mundo del fútbol", añade.
Nacido en el estado de Michoacán (oeste), en 1936, Guerrero llegó al periodismo deportivo de manera accidental. Mientras trabajaba en una estación de radio local, terminó frente al micrófono para sustituir a un narrador ausente.
Aquella oportunidad inesperada inició una carrera que lo llevaría a compartir espacios con figuras emblemáticas del deporte, presenciar las actuaciones de Pelé y el argentino Diego Armando Maradona y convertirse en una referencia obligada de la crónica futbolística mexicana.
Durante décadas, su voz acompañó a los aficionados de Guadalajara siguiendo los pasos de equipos como Chivas, Atlas y Leones Negros. Sin embargo, los mundiales se transformaron en el eje central de una trayectoria profesional construida sobre la disciplina y la constancia.
Ahora, mientras México se consolida como primer país de la historia en albergar tres Copas del Mundo, Guerrero contempla el torneo con una emoción especial.
Es el último sobreviviente del grupo de periodistas mexicanos que cubrió el Mundial de 1970 y el único que ha sido testigo directo de las tres ediciones celebradas en suelo mexicano.
Pero, lejos de hablar de récords, prefiere referirse a sentimientos. Para él, comentar un Mundial sigue siendo un privilegio incomparable. "Es un honor grande, definitivamente, estar en un Mundial comentando, narrando, viviéndolo, sintiéndolo, apreciándolo. Eso no se paga con nada", pondera.
A sus 90 años, Roberto Guerrero continúa observando el fútbol con la misma fascinación que aquel joven narrador de 1966.
Entre recuerdos, anécdotas y nuevas generaciones que sueñan con seguir sus pasos, mantiene intacta la convicción que ha guiado toda su vida profesional: el fútbol, más que un espectáculo, es una pasión capaz de unir historias, épocas y generaciones enteras.








