Por Cristóbal Chávez Bravo

Imagen del 22 de enero de 2026 del administrador de la plantación "Doña Franitza de los Puquio", el boliviano Celestino Cruzpaco, trabajando en el viñedo, en La Huayca, en la región de Tarapacá, Chile. El trabajo mancomunado entre una universidad pública chilena y empresarios agrícolas permite producir los "vinos del desierto", cepas que gracias al conocimiento creado en la academia potencia a privados para descorchar vinos en el corazón del desierto chileno de Atacama, uno de los escenarios más adversos del mundo para la agricultura. (Xinhua/Jorge Villegas)
POZO ALMONTE, Chile, 17 mar (Xinhua) -- El trabajo mancomunado entre una universidad pública chilena y empresarios agrícolas permite producir los "vinos del desierto", cepas que gracias al conocimiento creado en la academia potencia a privados para descorchar vinos en el corazón del desierto chileno de Atacama, uno de los escenarios más adversos del mundo para la agricultura.
Desde los años 80 del siglo pasado, la estatal Universidad Arturo Prat (UNAP) administra la Estación Experimental Canchones, un espacio científico y agrícola donde estudian la genética vinífera en condiciones extremas, en la región de Tarapacá, a unos 1.770 kilómetros al norte de la ciudad de Santiago, la capital chilena.
El líder del proyecto "Vino del Desierto" y académico de la UNAP, Marcelo Lanino, explicó a Xinhua que en este lugar han aprendido, a través de "ensayo y error", la mejor forma de producir vides en las condiciones hostiles de la pampa del Tamarugal.
Se trata de una área desértica con alta salinidad, radiación solar y presencia de boro, un mineral que en altas concentraciones resulta tóxico para los cultivos, entre otras características desfavorables.
"Pese a eso, en el desierto florecen viñedos", afirmó el experto, cuyos estudios han permitido identificar cinco cepas, entre ellas la Tamarugal, que luego de cruces genéticos en Chile, España y Francia se descubrió que es la única del país sudamericana y se le registró según los criterios internacionales.
"Lo que la universidad hace es generar conocimiento y ese conocimiento nos sirve poco en un 'paper' (publicación académica), en una biblioteca. A nosotros nos interesa que ese conocimiento sea utilizado y aprovechado", destacó Lanino.
Por esa razón, le ceden a los interesados una hectárea de plantaciones en forma gratuita para que inviertan en infraestructura como acceso al agua, a las napas subterráneas milenarias ubicadas en la zona o en paneles solares para aprovechar las condiciones de la pampa.
Uno de los productores beneficiados es Christopher Frank, así como su hijo Jim, quienes en La Tirana, un territorio cercano a Canchones, levantaron una producción de viñas con la cepa Tamarugal que investigan en la UNAP.
"La cepa Tamarugal tiene un potencial increíble. Es un tema único en Chile: la primera cepa vitivinícola chilena y que está en el desierto más árido del mundo. Estos dos factores nos mostraron que hay algo que se puede potenciar", explicó Christopher Frank a Xinhua.
Por su parte, Jim Frank, quien trabajó en la compañía chilena Viña Concha y Toro, una de las más importantes del mundo y cuyos conocimientos aplica en el confín desértico, agregó que a la fecha suman 2 hectáreas de Tamarugal y el proyecto "no se podría hacer sin la universidad".
"Nosotros nos proyectamos para el extranjero. Queremos llegar a las 50 hectáreas. Hacer vinos en el desierto es una aventura, pero hay muchísima gente que va a querer probar este vino único y jugamos a eso", complementó.
En tanto, la productora Franitza Mitrovic tuvo una visión similar y levantó la plantación "Doña Franitza de los Puquio", afincada en La Huayca, donde hay una hectárea dividida entre las cepas Tamarugal y Gros Colman, las que esperan su primera cosecha.
Desde la distancia, estas viñas parecen un oasis en medio de la inmensidad del desierto, cuya tranquilidad solo es interrumpida por las violentas ráfagas de viento que impactan al caer la tarde o el canto del galante picaflor del norte.
El administrador de la plantación es el boliviano Celestino Cruzpaco, de 52 años, cuyas curtidas manos desnudan su experiencia en este oficio y comparte: "Yo tenía un poco de conocimiento, pero me faltaba un poco y la UNAP me ayudó".
La plantación tiene su propio sistema de extracción de aguas desde las napas subterráneas milenarias, además de un sistema de paneles solares que Cruzpaco debe vigilar y un mecanismo de riego presurizado por goteo para optimizar el agua.
Entre los conocimientos que la universidad le ha transferido a los agricultores destaca el estrés hídrico controlado a la planta para aprovechar las condiciones del desierto, según explicó la agrónoma e investigadora de la UNAP, Belén Sepúlveda.
"Por ejemplo, la cepa Tamarugal es de hoja caduca, entonces por naturaleza tiene que botar sus hojas. Pero como tenemos altas temperaturas todo el año, va a seguir produciendo todo el año", detalló a Xinhua.
"Para detener esta latencia, le aplicamos estrés hídrico. Puede estar seis semanas sin agua. En el invierno, en las noches hay temperatura de menos 4 a 5 grados. Pero la Tamarugal es muy resistente", agregó la agrónoma.
Lanino, cuyo apellido suena similar a "tanino", la expresión para caracterizar el sabor en boca del vino, concluyó que esto "no solo es un vino, sino una experiencia de consumir algo diferente, el milagro de los vinos del desierto".

Imagen del 22 de enero de 2026 de un trabajador laborando en el viñedo "El Carmelo", en La Tirana, en la comuna de Pozo Almonte, en la región de Tarapacá, Chile. El trabajo mancomunado entre una universidad pública chilena y empresarios agrícolas permite producir los "vinos del desierto", cepas que gracias al conocimiento creado en la academia potencia a privados para descorchar vinos en el corazón del desierto chileno de Atacama, uno de los escenarios más adversos del mundo para la agricultura. (Xinhua/Jorge Villegas)

Imagen del 22 de enero de 2026 de Marcelo Lanino (d), líder del proyecto "Vino del Desierto" y académico de la Universidad Arturo Prat, recorriendo el viñedo "Canchones", en La Huayca, en la región de Tarapacá, Chile. El trabajo mancomunado entre una universidad pública chilena y empresarios agrícolas permite producir los "vinos del desierto", cepas que gracias al conocimiento creado en la academia potencia a privados para descorchar vinos en el corazón del desierto chileno de Atacama, uno de los escenarios más adversos del mundo para la agricultura. (Xinhua/Jorge Villegas)

Imagen del 22 de enero de 2026 de una parra en crecimiento del viñedo "Doña Franitza de los Puquio", en La Huayca, en la región de Tarapacá, Chile. El trabajo mancomunado entre una universidad pública chilena y empresarios agrícolas permite producir los "vinos del desierto", cepas que gracias al conocimiento creado en la academia potencia a privados para descorchar vinos en el corazón del desierto chileno de Atacama, uno de los escenarios más adversos del mundo para la agricultura. (Xinhua/Jorge Villegas)

Imagen del 22 de enero de 2026 de un trabajador regando las filas de parras en crecimiento del viñedo "El Carmelo", en La Tirana, en la comuna de Pozo Almonte, en la región de Tarapacá, Chile. El trabajo mancomunado entre una universidad pública chilena y empresarios agrícolas permite producir los "vinos del desierto", cepas que gracias al conocimiento creado en la academia potencia a privados para descorchar vinos en el corazón del desierto chileno de Atacama, uno de los escenarios más adversos del mundo para la agricultura. (Xinhua/Jorge Villegas)

Imagen del 22 de enero de 2026 del administrador de la plantación "Doña Franitza de los Puquio", el boliviano Celestino Cruzpaco, trabajando en el viñedo, en La Huayca, en la región de Tarapacá, Chile. El trabajo mancomunado entre una universidad pública chilena y empresarios agrícolas permite producir los "vinos del desierto", cepas que gracias al conocimiento creado en la academia potencia a privados para descorchar vinos en el corazón del desierto chileno de Atacama, uno de los escenarios más adversos del mundo para la agricultura. (Xinhua/Jorge Villegas)

Imagen del 22 de enero de 2026 de Marcelo Lanino, líder del proyecto "Vino del Desierto" y académico de la Universidad Arturo Prat, manipulando una parra del viñedo "Doña Franitza de los Puquio", en La Huayca, en la región de Tarapacá, Chile. El trabajo mancomunado entre una universidad pública chilena y empresarios agrícolas permite producir los "vinos del desierto", cepas que gracias al conocimiento creado en la academia potencia a privados para descorchar vinos en el corazón del desierto chileno de Atacama, uno de los escenarios más adversos del mundo para la agricultura. (Xinhua/Jorge Villegas)










