Por Xi Pu
El contraste entre China y Estados Unidos tiene que ver, en última instancia, con la autoridad moral. Mientras EE. UU. está obsesionado con su lema de "América primero", haciendo maniobras hegemónicas y dominantes, China ha tomado una postura coherente del lado de la razón y la justicia.
TRAICIÓN Y PERFIDIA
Ser enemigo de EE. UU. es peligroso, pero ser su aliado es fatal. Estados Unidos ha sacrificado en repetidas ocasiones a sus aliados por sus propios intereses.
Un claro ejemplo de ello es como Washington obligó primero a sus aliados de la OTAN a aumentar el gasto militar y luego presionó a Europa para que flexibilizara la regulación sobre Inteligencia Artificial (IA) en el marco de la Cumbre de Acción sobre IA en París. Pero lo más sorprendente de todo es que, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, EE. UU. criticó a Europa por apartarse de los valores democráticos que se suponen liderados por Washington, exigiendo a su vez mayores responsabilidades y compromiso con la seguridad.
Pero lo más desconcertante para Europa es que, en los últimos tres años, los países europeos han hecho sacrificios económicos en apoyo de EE. UU. supuestamente para "resistir contra Rusia y apoyar a Ucrania". Sin embargo, ahora, EE. UU. ha traicionado esta confianza, adoptando una "diplomacia overhead" que ha dejado a Europa fuera de la mesa de negociaciones.
AISLAMIENTO Y PROTECCIONISMO
EE. UU. siempre se jacta de ser un defensor de la libertad y la apertura global, pero en los últimos años, algunos de sus políticos han utilizado sanciones económicas contra países como una forma de tapar sus propias deficiencias industriales.
Una vez en el poder, la nueva Administración estadounidense impuso aranceles adicionales a China, Canadá y México, utilizando entre otras cuestiones el pretexto de la lucha contra las drogas, además de gravar con elevadas tarifas arancelarias las importaciones de acero y aluminio.
Al mismo tiempo, muchos ciudadanos estadounidenses, además de verse forzados a trabajar en múltiples empleos para sostener a sus familias, también deben asumir el costo de las guerras comerciales impuestas por su propio Gobierno.
La actual estrategia arancelaria de EE. UU. no solo perjudica su propia capacidad manufacturera y exportadora a largo plazo, sino que también altera las cadenas de suministro de América del Norte, consolidadas durante más de 30 años. Ante este panorama, surge una pregunta inevitable: ¿cómo puede el pueblo estadounidense confiar en su Gobierno? Y, aún más, ¿cómo pueden otros países seguir confiando en EE. UU.?
LA LEY DEL MÁS FUERTE
Estados Unidos continúa manejando sus relaciones internacionales bajo la premisa de la "ley del más fuerte", distorsionando, atropellando y abusando de las reglas internacionales cuando le conviene.
Recientemente, ha amenazado con anexionarse Canadá y Groenlandia, retomar el control del Canal de Panamá y renombrar el Golfo de México como "Golfo de América", insinuando incluso el uso de la fuerza o la coerción económica para apoderarse del territorio de otros países.
Tales declaraciones han subvertido completamente las normas establecidas de las relaciones internacionales modernas y los principios del derecho internacional. Los líderes estadounidenses han demostrado desdén y desprecio por las organizaciones internacionales y, en consecuencia, EE. UU. ha abandonado de nuevo el Acuerdo de París.
CONTRASTE CHINA-EE. UU.
Mientras los políticos estadounidenses adoptan posturas excluyentes, socavan las normas internacionales y emiten declaraciones irresponsables, China abraza la cooperación global, posicionándose como un pilar fundamental en la defensa del orden internacional.
En la Conferencia de Seguridad de Múnich, China reafirmó su compromiso de ser un pilar de estabilidad en el sistema multipolar, desempeñar un papel constructivo en un mundo en constante transformación y defender los principios de igualdad, el estado de derecho internacional y el multilateralismo. Además, se comprometió a impulsar la apertura y la cooperación basada en ganancias compartidas. Estas declaraciones fueron recibidas con una ovación prolongada por parte de los representantes internacionales.
En febrero pasado, China ostentó la presidencia pro tempore del Consejo de Seguridad de la ONU y convocó una reunión de alto nivel bajo el lema "Practicar el multilateralismo, reformar y mejorar la gobernanza global". El secretario general de la ONU y los representantes de más de 100 países, entre ellos muchos cancilleres y delegados de alto nivel, participaron en ese evento donde discutieron cómo aunar esfuerzos para optimizar la gobernanza global.
Al impulsar la firma del Acuerdo de París y el desarrollo de la Franja y la Ruta verde, China ha contribuido activamente al fortalecimiento de las plataformas multilaterales, aportando su visión, sabiduría y capacidad mediante iniciativas institucionales y una cooperación práctica.
Frente a desafíos comunes de la humanidad como el cambio climático y la débil recuperación económica, China ha mantenido su compromiso con la apertura, la inclusión y la cooperación de ganancias compartidas. Ha participado activamente en la reforma y el desarrollo del sistema de gobernanza global, promoviendo la construcción de una comunidad de futuro compartido para la humanidad y asumiendo con acciones concretas sus responsabilidades como un gran país.
Mientras EE. UU. sigue apostando por la soberbia e intimidación intentando retrasar su declive hegemónico, China sigue avanzando con pasos firmes, defendiendo un camino justo y correcto para todo el mundo.
(El autor es observador de asuntos internacionales en Beijing)
(Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las posiciones de la Agencia de Noticias Xinhua)