COMENTARIO: Derrotar con previsión los miedos falsos en las relaciones China-EE.UU.

Actualizado 2020-02-14 14:33:35 | Spanish. xinhuanet. com

Por Gao Wencheng

BEIJING, 14 feb (Xinhua) -- Cuando el acuerdo económico y comercial de fase uno entre China y EE. UU. entre en vigencia este viernes, el desarrollo futuro de la relación entre las dos principales economías del mundo estará en el centro de la atención mundial.

La semana pasada en una conversación telefónica el presidente chino, Xi Jinping, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, además de analizar la batalla contra el coronavirus, hablaron positivamente del acuerdo comercial y acordaron promover aún más las relaciones bilaterales.

Los nuevos consensos han dado seguridad a políticos, corredores de bolsa, fabricantes y a la gente del común de todos los países.

De hecho, observadores alrededor del mundo, atentos a las relaciones entre China y EE. UU., no solo han puesto su atención en el acuerdo que desescaló temporalmente la disputa comercial que Washington inició alrededor del 40º aniversario de las relaciones diplomáticas bilaterales, sino también en adivinar la dirección que tomará la compleja y significativa relación en los próximos 40 años.

Mientras buscan respuestas, un libro publicado recientemente titulado "Miedo falso: las relaciones entre Estados Unidos y China" puede proporcionar algunas pistas útiles.

Escrito por el académico chino Xin Jiyan, el libro proporciona una narrativa racional para presentar los aspectos históricos, culturales y económicos de las relaciones entre China y EE. UU..

Se erige como una antítesis de "La maratón de los cien años: La estrategia secreta de China para reemplazar a Estados Unidos como la superpotencia global", un trabajo del experto estadounidense Michael Pillsbury, que aviva el miedo infundado sobre el desarrollo de China.

A pesar del fuerte contraste entre ellos, ambos libros insinúan la importancia de retroceder en el tiempo para buscar pistas. Y, de hecho, la historia reciente proporciona una buena lección.

Cuando los presidentes Mao Zedong y Richard Nixon presionaron el botón de inicio para normalizar las relaciones bilaterales hace aproximadamente cinco décadas, miraron y pensaron más allá de su tiempo vital y más allá del alcance de cada uno de sus países.

Hoy, en una nueva etapa crucial de las relaciones bilaterales en una era de creciente interdependencia, se necesita cada vez más una visión amplia y de largo plazo para diseñar la estrategia de Washington hacia China.

El 2 de junio de 1971, Nixon recibió una carta secreta de China diciendo que Mao esperaba una conversación directa.

El presidente norteamericano envió en una misión secreta a su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, para hablar con China, lo que allanó el camino para el crucial viaje del gobernante a Beijing en febrero de 1972.

"El timonel debe navegar sobre las olas, o quedará sumergido con la marea", expresó Nixon durante una reunión con el entonces primer ministro chino Zhou Enlai.

El impulso del diálogo y la comprensión se mantuvieron a pesar de los cambios de liderazgo. El 1 de enero de 1979, China y Estados Unidos establecieron relaciones diplomáticas a nivel de embajadores.

Como observó Kissinger en su libro "China", cuando Beijing y Washington comenzaron a restablecer las relaciones, la contribución más significativa hecha por los líderes de esa época fue su disposición de poner su vista más allá de los problemas inmediatos del día.

Las perspectivas estratégicas de ambas partes y sus esfuerzos persistentes para mejorar la cooperación y la comprensión, permitió a quienes en las últimas décadas han sido los dos pesos pesados del mundo, pasar de un contacto exploratorio a una relación sobresaliente y de una exclusión mutua a una estrecha interdependencia.

Desafortunadamente, en marcado contraste con este momento histórico, los lazos entre China y EE.UU. enfrentan ahora serias turbulencias.

La celebración el año pasado del 40º aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambos países los sorprendió, en lugar de en una celebración, atrapados en una disputa comercial, considerada por muchos como un intento de EE.UU. por contener el desarrollo de China.

La que se ha convertido, posiblemente, en la relación bilateral más importante del mundo se encuentra en una importante nueva coyuntura.

El libro de Xin sugiere que en el futuro, la clave para que los dos países tomen una decisión correcta radica en un juicio preciso de las intenciones estratégicas del otro, en lugar de caer con los ojos cerrados en la llamada "trampa de Tucídides".

Este consejo es particularmente pertinente. Examinando la raíz de la tradición comercial, uno puede encontrar fácilmente signos que muestran que Washington, empuñando el garrote de los aranceles de una manera caprichosa, ahora tiende a colocar recompensas instantáneas en contra de los beneficios a largo plazo, y está listo para lanzar al mundo entero al caos en nombre su bien particular.

Las contusiones causadas a ambas economías han revelado el peligro de una búsqueda tan miope de ganancias a corto plazo.

Desde otra perspectiva, los daños también han demostrado una vez más que tanto para China como para Estados Unidos, la cooperación y el diálogo son mejores que la fricción y la confrontación.

Además, las relaciones entre los principales países sirven como piedra angular de la estabilidad mundial. En una época de globalización, las relaciones entre China y EE.UU. tienen una mayor importancia global.

Al analizar cómo hacer avanzar las relaciones bilaterales, los dos países deben pensar globalmente. El gran costo que ha significado a la economía global la disputa comercial iniciada por Estados Unidos contra China sirve como un aleccionador recordatorio.

Como Xi le dijo a Trump en su última charla telefónica, la firma del acuerdo comercial de fase uno ha demostrado que los dos países siempre pueden encontrar soluciones aceptables para ambos a través del diálogo y las consultas, siempre y cuando mantengan el espíritu de igualdad y respeto mutuo.

Ahora, las dos partes deben llevar a cabo el acuerdo ganado de buena fe y, lo que es más importante, construir sobre el buen momento e impulsar las relaciones bilaterales sobre los principios de coordinación, cooperación y estabilidad en beneficio no solo de ellos mismos sino también del mundo entero.

Como destacó el veterano diplomático estadounidense Chas Freeman, quien se desempeñó como intérprete de Nixon durante el viaje a China en 1972, "nos debemos a nosotros mismos, y a nuestra posteridad, esforzarnos más para trabajar juntos y promover los muchos intereses estratégicos que tenemos en común".

Los "dos objetivos centenarios" de China y la visión de construir una comunidad con un futuro compartido para la humanidad, entre otros, han evidenciado la agudeza política de los líderes chinos para el pensamiento a largo plazo y el compromiso con el bien global.

Ya es hora de que los líderes políticos de EE.UU. rescaten la previsión que demostraron sus predecesores hace aproximadamente medio siglo, en lugar de centrarse en lo que parece bueno solo para su país en el corto plazo.

 
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COMENTARIO: Derrotar con previsión los miedos falsos en las relaciones China-EE.UU.

Spanish.xinhuanet.com 2020-02-14 14:33:35

Por Gao Wencheng

BEIJING, 14 feb (Xinhua) -- Cuando el acuerdo económico y comercial de fase uno entre China y EE. UU. entre en vigencia este viernes, el desarrollo futuro de la relación entre las dos principales economías del mundo estará en el centro de la atención mundial.

La semana pasada en una conversación telefónica el presidente chino, Xi Jinping, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, además de analizar la batalla contra el coronavirus, hablaron positivamente del acuerdo comercial y acordaron promover aún más las relaciones bilaterales.

Los nuevos consensos han dado seguridad a políticos, corredores de bolsa, fabricantes y a la gente del común de todos los países.

De hecho, observadores alrededor del mundo, atentos a las relaciones entre China y EE. UU., no solo han puesto su atención en el acuerdo que desescaló temporalmente la disputa comercial que Washington inició alrededor del 40º aniversario de las relaciones diplomáticas bilaterales, sino también en adivinar la dirección que tomará la compleja y significativa relación en los próximos 40 años.

Mientras buscan respuestas, un libro publicado recientemente titulado "Miedo falso: las relaciones entre Estados Unidos y China" puede proporcionar algunas pistas útiles.

Escrito por el académico chino Xin Jiyan, el libro proporciona una narrativa racional para presentar los aspectos históricos, culturales y económicos de las relaciones entre China y EE. UU..

Se erige como una antítesis de "La maratón de los cien años: La estrategia secreta de China para reemplazar a Estados Unidos como la superpotencia global", un trabajo del experto estadounidense Michael Pillsbury, que aviva el miedo infundado sobre el desarrollo de China.

A pesar del fuerte contraste entre ellos, ambos libros insinúan la importancia de retroceder en el tiempo para buscar pistas. Y, de hecho, la historia reciente proporciona una buena lección.

Cuando los presidentes Mao Zedong y Richard Nixon presionaron el botón de inicio para normalizar las relaciones bilaterales hace aproximadamente cinco décadas, miraron y pensaron más allá de su tiempo vital y más allá del alcance de cada uno de sus países.

Hoy, en una nueva etapa crucial de las relaciones bilaterales en una era de creciente interdependencia, se necesita cada vez más una visión amplia y de largo plazo para diseñar la estrategia de Washington hacia China.

El 2 de junio de 1971, Nixon recibió una carta secreta de China diciendo que Mao esperaba una conversación directa.

El presidente norteamericano envió en una misión secreta a su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, para hablar con China, lo que allanó el camino para el crucial viaje del gobernante a Beijing en febrero de 1972.

"El timonel debe navegar sobre las olas, o quedará sumergido con la marea", expresó Nixon durante una reunión con el entonces primer ministro chino Zhou Enlai.

El impulso del diálogo y la comprensión se mantuvieron a pesar de los cambios de liderazgo. El 1 de enero de 1979, China y Estados Unidos establecieron relaciones diplomáticas a nivel de embajadores.

Como observó Kissinger en su libro "China", cuando Beijing y Washington comenzaron a restablecer las relaciones, la contribución más significativa hecha por los líderes de esa época fue su disposición de poner su vista más allá de los problemas inmediatos del día.

Las perspectivas estratégicas de ambas partes y sus esfuerzos persistentes para mejorar la cooperación y la comprensión, permitió a quienes en las últimas décadas han sido los dos pesos pesados del mundo, pasar de un contacto exploratorio a una relación sobresaliente y de una exclusión mutua a una estrecha interdependencia.

Desafortunadamente, en marcado contraste con este momento histórico, los lazos entre China y EE.UU. enfrentan ahora serias turbulencias.

La celebración el año pasado del 40º aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambos países los sorprendió, en lugar de en una celebración, atrapados en una disputa comercial, considerada por muchos como un intento de EE.UU. por contener el desarrollo de China.

La que se ha convertido, posiblemente, en la relación bilateral más importante del mundo se encuentra en una importante nueva coyuntura.

El libro de Xin sugiere que en el futuro, la clave para que los dos países tomen una decisión correcta radica en un juicio preciso de las intenciones estratégicas del otro, en lugar de caer con los ojos cerrados en la llamada "trampa de Tucídides".

Este consejo es particularmente pertinente. Examinando la raíz de la tradición comercial, uno puede encontrar fácilmente signos que muestran que Washington, empuñando el garrote de los aranceles de una manera caprichosa, ahora tiende a colocar recompensas instantáneas en contra de los beneficios a largo plazo, y está listo para lanzar al mundo entero al caos en nombre su bien particular.

Las contusiones causadas a ambas economías han revelado el peligro de una búsqueda tan miope de ganancias a corto plazo.

Desde otra perspectiva, los daños también han demostrado una vez más que tanto para China como para Estados Unidos, la cooperación y el diálogo son mejores que la fricción y la confrontación.

Además, las relaciones entre los principales países sirven como piedra angular de la estabilidad mundial. En una época de globalización, las relaciones entre China y EE.UU. tienen una mayor importancia global.

Al analizar cómo hacer avanzar las relaciones bilaterales, los dos países deben pensar globalmente. El gran costo que ha significado a la economía global la disputa comercial iniciada por Estados Unidos contra China sirve como un aleccionador recordatorio.

Como Xi le dijo a Trump en su última charla telefónica, la firma del acuerdo comercial de fase uno ha demostrado que los dos países siempre pueden encontrar soluciones aceptables para ambos a través del diálogo y las consultas, siempre y cuando mantengan el espíritu de igualdad y respeto mutuo.

Ahora, las dos partes deben llevar a cabo el acuerdo ganado de buena fe y, lo que es más importante, construir sobre el buen momento e impulsar las relaciones bilaterales sobre los principios de coordinación, cooperación y estabilidad en beneficio no solo de ellos mismos sino también del mundo entero.

Como destacó el veterano diplomático estadounidense Chas Freeman, quien se desempeñó como intérprete de Nixon durante el viaje a China en 1972, "nos debemos a nosotros mismos, y a nuestra posteridad, esforzarnos más para trabajar juntos y promover los muchos intereses estratégicos que tenemos en común".

Los "dos objetivos centenarios" de China y la visión de construir una comunidad con un futuro compartido para la humanidad, entre otros, han evidenciado la agudeza política de los líderes chinos para el pensamiento a largo plazo y el compromiso con el bien global.

Ya es hora de que los líderes políticos de EE.UU. rescaten la previsión que demostraron sus predecesores hace aproximadamente medio siglo, en lugar de centrarse en lo que parece bueno solo para su país en el corto plazo.

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