Por Raúl Menchaca
LA HABANA, 8 oct (Xinhua) -- Durante casi dos décadas, un grupo de jóvenes se ha convertido en uno de los principales animadores de las adoquinadas calles de La Habana Vieja, no solo por sus coloridos trajes y ruidosos instrumentos, sino por ofrecer un arte de altura.
Gigantería es una compañía de actores que trabajan sobre zancos y que acompañados por cinco músicos, realizan tres veces por semana un largo pasacalle por la zona histórica de la capital cubana, que no deja indiferente a nadie.
Tras coincidir en varias actuaciones callejeras, tres grupos teatrales (Cubensi, Tropazancos y Somos la Tierra) decidieron unirse y en abril de 2000 nació Gigantería, como una comunidad de actores que apostaron y aún apuestan por la creación colectiva.
El grupo de 12 miembros cuenta también con el amparo profesional de la estatal Agencia de Representaciones Artísticas Caricatos.
Tiene además el reconocimiento y apoyo de la Oficina del Historiador de La Habana, institución que gestiona y protege el patrimonio de la parte vieja de la ciudad.
No es muy clara la distinción de funciones entre los miembros de Gigantería, pues todos hacen de todo, como explicó a Xinhua la actriz y productora Elizabeth Marrero.
Después de graduarse como pianista, Marrero estudió gestión cultural en el centenario Colegio Universitario de San Gerónimo de La Habana, cuya tesis de licenciatura estuvo dedicada precisamente al trabajo de Gigantería.
Tanto se involucró con el grupo que la actriz terminó formando parte de él, después de aprender a dominar los zancos.
"A veces se piensa que los zancos son un elemento danzario o acrobático, pero nosotros tratamos de unir esas dos capacidades a las que le agregamos lo actoral", afirmó la joven, quien junto a Kenia Galván, abre bailando las presentaciones del grupo.
La creación colectiva parece ser el sello distintivo del colectivo, ya que cualquiera llega con una idea teatral que se desarrolla y enriquece con el aporte de los demás, aunque sea el más modesto músico.
Eugenio Cruz es un negro alto y fornido a quien sus 51 años no le impiden tocar la percusión en Gigantería e incluso subirse a los zancos para hacer música, algo que prefiere reservar "solo para las grandes ocasiones, porque es muy agotador".
Con su edad y corpulencia, Cruz, un ex jugador de balonmano que llegó a integrar la selección nacional juvenil de la isla, parece ser el padre de los miembros de Gigantería, colectivo en el que trabaja desde hace poco más de 10 años.
"Toqué la percusión antes en varios grupos musicales, pero la verdad es que esto me gusta mucho más, sobre todo por la interacción constante con la gente", confesó el músico con una sonrisa.
Ese criterio es respaldado por el actor y trovador Jorge Serpa, una de las últimas incorporaciones al grupo y quien trabaja desde hace 10 meses sobre los zancos.
"Cada pasacalle es una experiencia distinta, pues uno no sabe qué se va a encontrar en el trayecto. No es como en el teatro, donde el actor tiene control pleno de la escena y del área que ocupa el público", comentó mientras su hijo de 2 años corría entre actores maquillándose.
Serpa narró que solo se ha caído dos veces y solo "en los ensayos", además de que han tenido que aprender a improvisar en cada pasacalle, porque puede aparecer un perro, un transeúnte despistado o un niño que quiere jugar con los gigantes en zancos.
"Cuando suceden esas cosas, tratamos de incorporarlas a la historia que estamos narrando a partir de los personajes que representamos", ahondó.
Los personajes han sido diseñados a partir de las personalidades de los actores, y así uno es un niño travieso que juega con el público, otro una coqueta payasa y un tercero interpreta a una anciana cascarrabias que regaña a todos.
"Ser actores nos resguarda de muchas cosas en el sentido que podemos hacer todo", compartió.
"Podemos danzar, podemos hacer circo, pero al mismo tiempo es un reto porque no queremos quedarnos solo en la danza, ni en hacer malabares, sino en manejar todo y que el personaje pueda llevar todas esas cosas", explicó Serpa.
Sus integrantes recurren además de los zancos a malabares con pelotas o clavas, así como juegos con fuego, sogas, bastones y cadenas.
Utilizan siempre la técnica del "clown", que se apoya en la proyección de la voz y una amplia plasticidad corporal.
El escenario es la calle y la mayoría del auditorio está conformado por turistas, transeúntes y familias que pasean por la ciudad, personas que no esperan encontrar un espectáculo teatral en una plaza, aunque los vecinos son los más fieles seguidores de Gigantería.
Ese compromiso del grupo con la comunidad es lo que siempre le hace volver a la calle, consciente de que se debe a la gente que le espera y aplaude, y a quienes entrega desde los zancos, un arte de altura en las viejas calles habaneras.









