Conversando con los 'taikonautas': Tras el escenario del programa espacial tripulado

Spanish.xinhuanet.com   2018-01-31 10:37:30

por H. L. Bentley

BEIJING, 31 ene (Xinhua) -- Después de recorrer 14 veces la órbita de la Tierra y viajar 600.000 kilómetros, Yang Liwei aterrizó sin peligro en octubre de 2003 tanto en la Tierra como en los libros de historia. Como millones de personas a lo largo y ancho de China, la piloto Wang Yaping quedó fascinada por lo que vio. Pero a ella estas imágenes le evocaron más que una estampa de éxito. Vio una oportunidad.

"Yang es el primer 'taikonauta' (término con que se designa a los astronautas chinos formado a partir de 'taikong', espacio en mandarín) varón. "¿Quién será la primera mujer?", se preguntó.

NACER EN EL MOMENTO JUSTO

Me reuní con Wang en el Centro de Entrenamiento del Ejército Popular de Liberación en el norte de Beijing, un complejo extenso pero sin ornatos con anchas calles y edificios bajos que se podría confundir con un parque empresarial de no ser por el personal uniformado dispuesto entre los bloques.

Wang se sentó con la espalda tiesa como una vara y las manos cuidadosamente cruzadas sobre el regazo durante toda la entrevista, postura que solo abandonaba para tomar y dejar cada rato su termo de agua caliente. Con esto no mostraba reserva sino una serenidad calculada que, me dijo más tarde, es el principal atributo de las mujeres de su profesión.

"Controlamos la nave espacial, así que no podemos perder la conciencia. Tienes que aprender a controlar las reacciones naturales", explicó.

Me encontré con tres astronautas y a todos les pregunté lo mismo: ¿Cuál es la pericia personal que te hace idóneo para el programa? Todos respondieron con sorprendente sinceridad y modestia. Sí, están cualificados, pero lo más importante es que nacieron en el momento adecuado.

"Quizá no fuese la mejor, pero era la más adecuada en aquel momento. Era una buena época en el viaje chino hacia la prosperidad y el programa espacial estaba en pleno apogeo", reconoció.

TODO LO BUENO SE ACABA

China ha entrenado a 21 personas bajo el programa espacial desde que hace 20 años se creó el Cuerpo de Taikonautas del Ejército Popular de Liberación. Once de ellos han participado en misiones y han completado seis vuelos espaciales tripulados y más de 100 experimentos, y han orbitado la Tierra un total de 68 días con sus noches.

Incluso aquí, en el centro de entrenamiento, no fue difícil cruzarse con alguien que, como yo, no ha tenido la oportunidad de ver desde arriba nuestro colosal planeta. Pero un hombre en particular sí tiene este sueño al alcance de la mano.

La más reciente misión espacial de China fue la Shenzou-11, en 2016.

Cuando la tripulación regresó sana y salva a la Tierra, Deng Qingming volvió a casa y antes de saludar a su mujer y su hija, entró en el cuarto de baño con ojos llorosos y abrió el grifo para ocultar sus sollozos.

Deng no estuvo a bordo del Shenzhou-11. Es el único taikonauta de la promoción original de estudiantes que no ha ido al espacio.

Los aspectos físicos de la formación del astronauta han sido discutidos con profusión, de las centrifugadoras y las horas pasadas bajo el agua, ¿pero qué pasa con la presión mental? ¿Cómo puedes mantenerte comprometido con un objetivo durante 20 años, a pesar de la alta probabilidad de nunca llegar a alcanzar la meta? ¿Cómo puedes conservar la fortaleza tanto física como mental?

"¡Perseverancia, perseverancia, perseverancia!" recalcó Deng. "Tengo 52 años. Pero tengo fe y eso me empuja".

El astronauta estadounidense John Glenn se convirtió en 1962 en el primer hombre que orbitó la Tierra. En 1998, Glenn volvió al espacio en la cápsula espacial Discovery, cuando tenía 77 años. Deng está cargado de razones para el optimismo.

TODO HIJO TIENE UNA MADRE

La segunda ronda de reclutamiento para el programa fue en 2009. Esta vez se permitió a las mujeres presentarse. Wang estaba exultante, pero sus padres no compartían su entusiasmo.

"Cuando se dieron cuenta de que quería postularme, se opusieron frontamente. Pero era mi deseo y seguí adelante pese a su desacuerdo", recordó.

La fama y la gloria de quienes viajan al espacio siempre empequeñecen los sacrificios de quienes se quedan en tierra. Los taikonautas son hijos, hijas, esposas, maridos, madres y padres. Sus familias también experimentan una sensación de ingravidez al ver, esperar, desear y rezar por su vuelta.

Wang persuadió finalmente a sus padres, o eso creyó. Al igual que el viajero al espacio debe no perder la esperanza para alcanzar el éxito, quienes los esperan en casa nunca se desprenden de sus temores.

Cuando Wang regresó de la misión, sus padres le confesaron: "Estuviste 15 días en el espacio, pero para nosotros han sido como 15 años".

SUEÑOS CUMPLIDOS

Zhai Zhigang fue el primer y hasta la fecha único taikonauta en caminar por el espacio. Se trata de un hombre encantador, ingenioso, agradable de la forma en que lo son quienes están acostumbrados a hacer sentir a gusto a la gente.

Hay, se dice, un momento y un lugar para cada cosa. Zhai advirtió que no podía desperdiciar tiempo. Un mal paso podía tener potenciales y letales consecuencias.

"Hay que calcular cada movimiento, y lo único que cabía considerar era la tarea en cuestión. No tenía tiempo de pensar ni reaccionar", recordó.

¿Y qué se siente al ver la Tierra desde arriba?

"Cuando daba mis paseos por el espacio, la Tierra flotaba y giraba sobre mí y por debajo estaba la nave espacial. Ante mis ojos, el espacio infinito y profundo. Si tengo que describirlo con una palabra, sería 'inseguro", reveló.

Aunque el programa espacial de China sea impresionante, hasta el momento ha hecho poco más que alcanzar los logros de Rusia y Estados Unidos, pero esto cambiará pronto. China quiere convertirse este año en el primer país en realizar un aterrizaje controlado sobre el lado oscuro de la Luna, lo que sería un sensacional logro de la tecnología, la perseverancia y el puro valor.

Cuando se complete la misión lunar "Chang'e-4", el próximo hito será enviar a taikonautas a la Luna y de vuelta a casa. Una generación de niños chinos mirarán al cielo por la noche y verán al satélite casi al alcance de los dedos.

Cuando regresó del espacio, Wang aseguró: "No me sentí con miedo sino realizada. Había cumplido mi sueño", evocó.

El deseo de Wang se hizo realidad. Esta noche y las noches de muchos años por venir, sin embargo, millones de chinos seguirán soñando.

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Conversando con los 'taikonautas': Tras el escenario del programa espacial tripulado

Spanish.xinhuanet.com 2018-01-31 10:37:30

por H. L. Bentley

BEIJING, 31 ene (Xinhua) -- Después de recorrer 14 veces la órbita de la Tierra y viajar 600.000 kilómetros, Yang Liwei aterrizó sin peligro en octubre de 2003 tanto en la Tierra como en los libros de historia. Como millones de personas a lo largo y ancho de China, la piloto Wang Yaping quedó fascinada por lo que vio. Pero a ella estas imágenes le evocaron más que una estampa de éxito. Vio una oportunidad.

"Yang es el primer 'taikonauta' (término con que se designa a los astronautas chinos formado a partir de 'taikong', espacio en mandarín) varón. "¿Quién será la primera mujer?", se preguntó.

NACER EN EL MOMENTO JUSTO

Me reuní con Wang en el Centro de Entrenamiento del Ejército Popular de Liberación en el norte de Beijing, un complejo extenso pero sin ornatos con anchas calles y edificios bajos que se podría confundir con un parque empresarial de no ser por el personal uniformado dispuesto entre los bloques.

Wang se sentó con la espalda tiesa como una vara y las manos cuidadosamente cruzadas sobre el regazo durante toda la entrevista, postura que solo abandonaba para tomar y dejar cada rato su termo de agua caliente. Con esto no mostraba reserva sino una serenidad calculada que, me dijo más tarde, es el principal atributo de las mujeres de su profesión.

"Controlamos la nave espacial, así que no podemos perder la conciencia. Tienes que aprender a controlar las reacciones naturales", explicó.

Me encontré con tres astronautas y a todos les pregunté lo mismo: ¿Cuál es la pericia personal que te hace idóneo para el programa? Todos respondieron con sorprendente sinceridad y modestia. Sí, están cualificados, pero lo más importante es que nacieron en el momento adecuado.

"Quizá no fuese la mejor, pero era la más adecuada en aquel momento. Era una buena época en el viaje chino hacia la prosperidad y el programa espacial estaba en pleno apogeo", reconoció.

TODO LO BUENO SE ACABA

China ha entrenado a 21 personas bajo el programa espacial desde que hace 20 años se creó el Cuerpo de Taikonautas del Ejército Popular de Liberación. Once de ellos han participado en misiones y han completado seis vuelos espaciales tripulados y más de 100 experimentos, y han orbitado la Tierra un total de 68 días con sus noches.

Incluso aquí, en el centro de entrenamiento, no fue difícil cruzarse con alguien que, como yo, no ha tenido la oportunidad de ver desde arriba nuestro colosal planeta. Pero un hombre en particular sí tiene este sueño al alcance de la mano.

La más reciente misión espacial de China fue la Shenzou-11, en 2016.

Cuando la tripulación regresó sana y salva a la Tierra, Deng Qingming volvió a casa y antes de saludar a su mujer y su hija, entró en el cuarto de baño con ojos llorosos y abrió el grifo para ocultar sus sollozos.

Deng no estuvo a bordo del Shenzhou-11. Es el único taikonauta de la promoción original de estudiantes que no ha ido al espacio.

Los aspectos físicos de la formación del astronauta han sido discutidos con profusión, de las centrifugadoras y las horas pasadas bajo el agua, ¿pero qué pasa con la presión mental? ¿Cómo puedes mantenerte comprometido con un objetivo durante 20 años, a pesar de la alta probabilidad de nunca llegar a alcanzar la meta? ¿Cómo puedes conservar la fortaleza tanto física como mental?

"¡Perseverancia, perseverancia, perseverancia!" recalcó Deng. "Tengo 52 años. Pero tengo fe y eso me empuja".

El astronauta estadounidense John Glenn se convirtió en 1962 en el primer hombre que orbitó la Tierra. En 1998, Glenn volvió al espacio en la cápsula espacial Discovery, cuando tenía 77 años. Deng está cargado de razones para el optimismo.

TODO HIJO TIENE UNA MADRE

La segunda ronda de reclutamiento para el programa fue en 2009. Esta vez se permitió a las mujeres presentarse. Wang estaba exultante, pero sus padres no compartían su entusiasmo.

"Cuando se dieron cuenta de que quería postularme, se opusieron frontamente. Pero era mi deseo y seguí adelante pese a su desacuerdo", recordó.

La fama y la gloria de quienes viajan al espacio siempre empequeñecen los sacrificios de quienes se quedan en tierra. Los taikonautas son hijos, hijas, esposas, maridos, madres y padres. Sus familias también experimentan una sensación de ingravidez al ver, esperar, desear y rezar por su vuelta.

Wang persuadió finalmente a sus padres, o eso creyó. Al igual que el viajero al espacio debe no perder la esperanza para alcanzar el éxito, quienes los esperan en casa nunca se desprenden de sus temores.

Cuando Wang regresó de la misión, sus padres le confesaron: "Estuviste 15 días en el espacio, pero para nosotros han sido como 15 años".

SUEÑOS CUMPLIDOS

Zhai Zhigang fue el primer y hasta la fecha único taikonauta en caminar por el espacio. Se trata de un hombre encantador, ingenioso, agradable de la forma en que lo son quienes están acostumbrados a hacer sentir a gusto a la gente.

Hay, se dice, un momento y un lugar para cada cosa. Zhai advirtió que no podía desperdiciar tiempo. Un mal paso podía tener potenciales y letales consecuencias.

"Hay que calcular cada movimiento, y lo único que cabía considerar era la tarea en cuestión. No tenía tiempo de pensar ni reaccionar", recordó.

¿Y qué se siente al ver la Tierra desde arriba?

"Cuando daba mis paseos por el espacio, la Tierra flotaba y giraba sobre mí y por debajo estaba la nave espacial. Ante mis ojos, el espacio infinito y profundo. Si tengo que describirlo con una palabra, sería 'inseguro", reveló.

Aunque el programa espacial de China sea impresionante, hasta el momento ha hecho poco más que alcanzar los logros de Rusia y Estados Unidos, pero esto cambiará pronto. China quiere convertirse este año en el primer país en realizar un aterrizaje controlado sobre el lado oscuro de la Luna, lo que sería un sensacional logro de la tecnología, la perseverancia y el puro valor.

Cuando se complete la misión lunar "Chang'e-4", el próximo hito será enviar a taikonautas a la Luna y de vuelta a casa. Una generación de niños chinos mirarán al cielo por la noche y verán al satélite casi al alcance de los dedos.

Cuando regresó del espacio, Wang aseguró: "No me sentí con miedo sino realizada. Había cumplido mi sueño", evocó.

El deseo de Wang se hizo realidad. Esta noche y las noches de muchos años por venir, sin embargo, millones de chinos seguirán soñando.

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