
Alguna corrida del ex delantero de la Juventus de Italia, más el atrevimiento y las ganas del joven Angel Correa, parecieron presagiar en algún momento de la primera etapa que finalmente Argentina iba a hacer valer el peso de sus individualidades.
Sin embargo, ese primer período dejó una sensación que se plasmaría en el complemento: Ecuador llegó a suelo argentino con la intención de hacer daño, y a partir de alguna corrida de Caicedo, más el aporte de Noboa y el talento de Ayoví y Valencia, generó las mejores situaciones frente al arco de Romero.
Tan poco fue lo que contagió el conjunto albiceleste desde el terreno de juego que no fueron pocos los momentos en que el nutrido grupo de aficionados ecuatorianos "copó" el estadio con sus cánticos de aliento.
El silencio que se mezclaba con el murmullo daba cuenta de una noche incómoda para la Argentina, y durante el entretiempo el comentario más recurrente que se escuchaba en las gradas era la falta que le hacía Messi al equipo.
Ya en el complemento, hubo cinco minutos, entre los 15 y los 20, en que se vio lo mejor de Argentina en el partido: se asociaron Tevez con Javier Pastore, apareció la velocidad de Correa, y casi termina en gol de Mascherano, que remató sin fuerza desde el punto del penal.
Martino buscó darle mayor frescura al ataque con el ingreso de Ezequiel Lavezzi, pero la salida de Pastore terminó por sepultar el atisbo de juego asociado que había mostrado el equipo en el segundo tiempo.
Casi como por decantación, Ecuador aprovechó una distracción en el fondo argentino, y en el minuto 80 el defensor Erazo conectó de cabeza un córner ejecutado desde la derecha.
Casi como un boxeador que siente el golpe en la mandíbula y siente como inexorable su caída a la lona, Argentina pareció bajar la guardia, y un minuto después Caicedo, la figura de la noche, terminó de cerrar una noche histórica para el conjunto ecuatoriano en una contra.
Los minutos que siguieron hasta el final sirvieron para medir la temperatura del público: primero la incredulidad, después la bronca y el pedido de esfuerzo, y por último la decepción de ver cómo la Argentina tropezaba en el inicio del camino mundialista.
Hacía exactamente 22 años que el seleccionado argentino no perdía en el estadio Monumental por Eliminatorias: en 1993, en el camino hacia Estados Unidos '94, Colombia lo había goleado 5 a 0, en uno de los partidos más recordados en la historia del fútbol sudamericano.
La noche terminó a puro silbido: el público reprobó la actuación del equipo, y le recordó que las heridas de las derrotas en la Copa América y en la definición del Mundial de Brasil ante Alemania están lejos de cicatrizar.
Solo quedaron dos cosas rescatables en la fría noche primaveral de Buenos Aires: las Eliminatorias recién comienzan, y la ausencia de Messi no será eterna.
Lo que está claro también es que el equipo de Gerardo Martino deberá mejorar mucho para volver a enamorar a un público que, sin el mejor jugador del mundo, está dispuesto a darle la espalda.















