Por Esteban Jesen
BUENOS AIRES, 6 oct (Xinhua) -- Ni siquiera una medida meramente con fines electorales de las autoridades parecen hacer frente a un flagelo que tiene en jaque desde hace años al fútbol argentino: el accionar de los aficionados violentos en los estadios.
Tras la muerte en junio de 2013 de un aficionado del club Lanús, luego de un enfrentamiento contra aficionados de Estudiantes de La Plata, las autoridades de seguridad de Argentina decidieron prohibir definitivamente el ingreso de público visitante.
Dado que los clubes de Boca Juniors y River Plate concentran el 70 por ciento de todos los aficionados argentinos, el resto de los equipos tiene una cantidad significativamente menor, por lo que la mayoría de los partidos se han venido jugando con estadios semivacíos.
Sin embargo, en los últimos tres fines de semana se permitió la entrada del público visitante, una medida que acusaron de tratarse de una estrategia electoralista por parte del gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, candidato oficialista para suceder a la presidenta argentina Cristina Fernández.
Ese tiempo, no obstante, le bastó a aficionados del Lanús para ponerle punto final a ese "experimento", pues aprovecharon para lanzar una pedrada al ojo de Pablo Lugüercio, delantero del club de Aldosivi de Mar del Plata.
Hoy, el ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, la más grande del país, y la cual concentra a 11 de los 20 equipos de la Primera División (sin contar los 4 de la capital argentina), tomó la decisión de volver a prohibir el ingreso de aficionados visitantes, al menos hasta el final de la temporada.
De esta manera, los "violentos" consiguieron imponer nuevamente su presencia frente a fuerzas de seguridad que permanecen inertes, y con el consentimiento del poder político, que en muchos casos utiliza a los aficionados como "fuerza de choque".
La violencia protagonizada por las denominadas "barras bravas" es un problema que lleva décadas en Argentina, y que ha ido tomando un tinte cada vez más peligroso, hasta convertirse en un flagelo fuera de control.
Las disputas de poder, venta ilegal de boletos , puestos políticos y hasta participación en la compraventa de futbolistas, han convertido a los grupos de aficionados violentos en verdaderas asociaciones ilícitas cuyo poder es ilimitado.
Lejos de suponer una solución al problema, la medida de cerrar el paso a los aficionados del equipo visitante no hizo más que evidenciar que poco tiene que ver la violencia en el fútbol con una cuestión de camisetas.
El 2014 terminó con 14 muertos por hechos relacionados con las barras, dos más que 2013.
Es decir que en vez de tomar medidas de fondo, los organizadores optaron por disminuir la cantidad de público en los estadios para reducir los hechos violentos, pero el resultado fue prácticamente nulo.
El 2015, por ejemplo, ya lleva más de 30 hechos de violencia en estadios de todo el país de todas las categorías, y hasta alcanzó a un encuentro de fútbol de salón, donde aficionados de Chacarita Juniors agredieron a futbolistas, dirigentes e "hinchas" de Nueva Chicago hace un par de semanas.
El caso más notorio de violencia en los estadios en lo que va de 2015 ,ocurrió el 14 de mayo, en el encuentro de vuelta por los octavos de final de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y River Plate, en "La Bombonera", estadio de Boca.
Sin hinchas visitantes, unos aficionados de Boca arrojaron gas casero contra los futbolistas de River cuando salían a disputar el segundo tiempo del partido, hasta ese momento empatado sin goles.
Ante el estado de varios de los jugadores de River, el árbitro suspendió el encuentro y posteriormente la Confederación Sudamericana de Fútbol decretó la eliminación de Boca y la clasificación a cuartos de final del "Millonario", que terminaría ganando el torneo luego de 19 años de sequía en esa competencia.
Amenazas de muerte, pintadas en sedes de algunos clubes, el ataque de aficionados a futbolistas en pleno partido, pedradas y aprietes forman parte del escenario habitual del fútbol argentino.
Así, el intento de poner fin a la restricción al ingreso de público duró lo mismo que un suspiro.
Solo bastó una pedrada (que pudo haber terminado en tragedia) para que la decisión vuelva a ser que solo puedan concurrir al fútbol argentino socios de los clubes locales, y que la mayoría de los encuentros vuelvan a disputarse con estadios desolados.









