Comentario de Xinhua: Nuevas restricciones de Washington contra China podrían asestar costoso golpe a empresas estadounidenses | Spanish.xinhuanet.com

Comentario de Xinhua: Nuevas restricciones de Washington contra China podrían asestar costoso golpe a empresas estadounidenses

spanish.news.cn| 2026-10-27 20:37:45|
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BEIJING, 27 oct (Xinhua) -- Las más recientes medidas propuestas por el Gobierno de Estados Unidos en materia de inversión exterior relacionada con China están destinadas a apretar nuevamente las tuercas a las propias empresas estadounidenses. Lejos de proteger los intereses nacionales del país norteamericano, estas decisiones politizan la actividad empresarial normal, socavan los principios del mercado y alimentan la incertidumbre en las relaciones económicas bilaterales.

La propuesta del Departamento del Tesoro de Estados Unidos de añadir la biotecnología a sus restricciones de inversión saliente hacia China, que se suma a las limitaciones ya existentes para las tecnologías de supercomputación e hipersónicas, supone una nueva ampliación potencial de los ya extensos controles de inversión impulsados por Washington.

En el fondo, las normas propuestas contradicen el importante consenso alcanzado por ambos jefes de Estado. Desde la orden ejecutiva de 2023 dirigida a los semiconductores, la computación cuántica y la inteligencia artificial, el enfoque de la administración estadounidense se ha mantenido invariable: Obstaculizar el avance tecnológico de China.

Irónicamente, la biotecnología es uno de los sectores donde ambas partes comparten beneficios mutuos de gran calado. Un tercio de los medicamentos innovadores en fase de desarrollo en el mundo tienen origen chino. En 2025, los acuerdos para la expedición de licencias en el exterior para fármacos innovadores desarrollados en China alcanzaron un máximo histórico de más de 130.000 millones de dólares, según datos del Ministerio de Industria y Tecnología Informática de China.

Los principales fabricantes farmacéuticos de Estados Unidos, entre ellos Pfizer y Bristol Myers Squibb, han firmado contratos multimillonarios con empresas biotecnológicas chinas en 2026, mientras que la propia industria farmacéutica estadounidense ha cabildeado repetidamente contra restricciones excesivamente severas en materia de inversión.

Según el Consejo Empresarial Estados Unidos-China, el 95 por ciento de quienes respondieron a una encuesta considera que China es "en cierta medida muy importante" para mantener su competitividad a escala global. Las restricciones de Washington corren el riesgo de debilitar asociaciones comerciales que las empresas estadounidenses consideran vitales para su competitividad y privarlas de acceso a uno de los mercados más dinámicos del planeta.

China sigue siendo un imán para los inversionistas extranjeros. El Ministerio de Comercio reveló que la inversión extranjera directa (IED) en industrias de alta tecnología registró un crecimiento interanual del 33,8 por ciento durante los primeros nueve meses de este año. Mientras el capital internacional sigue fluyendo hacia China, los inversores estadounidenses, limitados por la burocracia de su propio Gobierno, se arriesgan a perder oportunidades de negocio de gran valor.

La biotecnología está en el corazón de la salud pública global. Combatir pandemias, avanzar en tratamientos oncológicos y desarrollar vacunas contra enfermedades infecciosas exigen datos científicos compartidos, redes de ensayos clínicos transfronterizas y flujos de talento sin barreras. Al incluir la biotecnología en su cesta de "seguridad nacional", Washington confunde la innovación médica que salva vidas con la supuesta competencia estratégica. Como las dos mayores economías del mundo y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, China y Estados Unidos comparten la responsabilidad global de impulsar la seguridad sanitaria universal. Las medidas restrictivas unilaterales van en contra de la tendencia de la época y no se ajustan a las responsabilidades que corresponden a las grandes potencias.

La historia ha demostrado repetidamente que las relaciones económicas entre China y Estados Unidos se sustentan en el beneficio mutuo y la cooperación recíproca. No deben ser descarriladas por la politización de los vínculos económicos ni por la exageración artificial de preocupaciones sobre la seguridad nacional. La presión unilateral de Washington no impedirá que China siga avanzando y cumpliendo su compromiso de apertura al exterior.

China seguirá de cerca los acontecimientos futuros en este asunto y se reserva el derecho a adoptar las medidas correspondientes. Es hora de que Washington escuche a su propia comunidad empresarial y reajuste su enfoque por vías racionales y orientadas al mercado. La presión del Gobierno estadounidense solo servirá para dificultar la colaboración que las empresas de ese país mantienen con sus homólogas chinas.

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