RÍO DE JANEIRO, 30 ago (Xinhua) -- El avance del agronegocio está transformando la geografía económica de Brasil y desplazando hacia el interior del país el principal foco de crecimiento de la productividad, con especial impulso en el Centro-Oeste y nuevas fronteras agrícolas del nordeste.
Un estudio en más de 5.500 municipios brasileños muestra que, entre 2002 y 2019, la productividad nacional aumentó el 18,7 por ciento, con un avance del 80,1 por ciento en el sector agropecuario, frente al 10,3 por ciento de los servicios y apenas un 5,4 por ciento de la industria.
El cambio ha sido particularmente visible en estados tradicionalmente considerados periféricos. Piauí lideró el crecimiento de la productividad, con un aumento del 103 por ciento, seguido por Maranhão, con un 86 por ciento, y Tocantins, con un 69,7 por ciento. La región, compuesta por los tres estados junto con Bahia, es conocida como Matopiba y se ha consolidado en los últimos años como una de las principales fronteras de expansión de la producción brasileña de granos.
"La productividad del agro crece ahora más allá de las fronteras tradicionales. Hoy, Matopiba es el nuevo oro. Es lo que fue el Centro-Oeste en los años 1950. Se trata de un crecimiento que está cambiando la realidad regional", afirmó a Xinhua Alan Bueno, profesor de economía de la Universidad Estatal de Paraná y uno de los autores del estudio.
El fenómeno, sin embargo, va más allá de las actividades rurales. El crecimiento del agro impulsa cadenas de transporte, comercio, construcción, tecnología, crédito y servicios, además de abastecer directamente a la industria de alimentos. Cerca del 70 por ciento de la producción agrícola brasileña se destina a la industria alimentaria, cuyas exportaciones alcanzaron 33.000 millones de dólares en el primer semestre de 2026, equivalentes a unos 170.000 millones de reales, un aumento interanual del 8,5 por ciento en valor y del 6,3 por ciento en volumen.
La expansión también parece favorecer la movilidad social en algunas de las nuevas regiones agrícolas. Según datos del Instituto de Movilidad y Desarrollo Social, la probabilidad media de que un niño brasileño alcance en la edad adulta el grupo del 10 por ciento más rico de la población es del 1,8 por ciento, mientras que en el Centro-Oeste llega al 2,86 por ciento.
Fernando Veloso, economista de la Fundación Getulio Vargas (FGV), atribuyó parte de esta diferencia a la capacidad de algunos municipios agrícolas para transformar la mayor recaudación en servicios públicos. "En muchas de esas ciudades, la recaudación de las alcaldías es alta y existe un aprovechamiento efectivo de esos recursos por parte del sector público, con buenos servicios de educación y salud, lo que favorece la movilidad", señaló.
Tras décadas de inversiones en investigación científica y tecnologías adaptadas a las condiciones tropicales, Brasil se ha convertido en una de las principales potencias agrícolas del mundo. El valor bruto de la producción agropecuaria brasileña fue estimado en 1,39 billones de reales en julio, reflejando la dimensión de una actividad que moviliza desde producción de semillas, fertilizantes y maquinaria hasta almacenes, ferrocarriles, puertos y cadenas industriales.









