Por María Noelia Aráuz
MASAYA, Nicaragua, 19 ago (Xinhua) -- A 28 kilómetros de Managua, la capital nicaragüense, se encuentra Masaya, un lugar donde el ambiente no se mide por el ritmo del tráfico, sino por el compás acelerado de las máquinas de coser y el corte de cuerina de colores.
En esta ciudad, conocida como la "Cuna del Folclore Nicaragüense", septiembre, un mes que se caracteriza por los redobles y las liras que recorren las calles, inicia semanas antes en los talleres familiares donde la identidad nacional se moldea a mano.
Con el inicio de las Fiestas Patrias, en conmemoración de la Batalla de San Jacinto (14 de septiembre de 1856) y la Independencia de Centroamérica (15 de septiembre de 1821), hombres y mujeres de distintas generaciones trabajan jornadas maratónicas para confeccionar botas, uniformes y trajes que vestirán a miles de jóvenes integrantes de bandas escolares y gimnasias rítmicas de todo el país.
Detrás de cada desfile, de cada uniforme que luce bajo el sol y de cada coreografía, existe un trabajo artesanal que comienza meses antes y que convierte a los pequeños talleres de Masaya en piezas fundamentales de una celebración que combina tradición, juventud y orgullo nacional.
En uno de esos talleres trabaja Juan Carlos Castillo, sastre con 20 años de experiencia en la confección de trajes escolares.
Explicó que el proceso comienza cuando estudiantes y docentes presentan el diseño; luego prepara una proforma y, una vez aprobada, toma las medidas en el colegio, compra los materiales y continúa con el corte y la confección.
"Cuando hacemos tallaje, eso es lo que le gusta al cliente, que le queda al detalle sin estar, en complicaciones de ajuste", expresó Castillo a Xinhua.
Este año, su taller atiende pedidos de cuatro colegios, incluido uno de Puerto Cabezas, en la Costa Caribe Norte, para los que confeccionará más de 200 uniformes destinados a bandas y grupos de gimnasia.
El volumen de trabajo exige largas jornadas, pero también genera satisfacción entre quienes participan en el proceso.
"Es bastante satisfactorio para uno y para cada uno de los muchachos que colaboran en el trabajo, porque dicen: 'Eso lo hice yo, eso es parte de mi trabajo'. Entonces, eso es bastante agradable", expresó Castillo.
El sastre y su equipo también asesoran a estudiantes y docentes en el diseño de los trajes, procurando incorporar elementos relacionados con los símbolos patrios y las características culturales de cada región, sin perder la tradición de los desfiles.
"Es parte de lo nacional, de nosotros, los nicaragüenses. Es algo que nos caracteriza como nicaragüenses, por departamentos. Los masayas nos caracterizamos por las cosas típicas. Es bonito ver que todavía predominan en algunos colegios los colores como el azul, blanco, rojo, amarillo", dijo Castillo.
Para un estudiante, desfilar en septiembre representa un hito de juventud; para un artesano de Masaya, es la prueba anual de un oficio perfeccionado durante años.
El calzado debe combinar estética, resistencia y comodidad, ya que las presentaciones pueden prolongarse durante horas y requieren saltos, desplazamientos y coreografías.
En este trabajo se especializa Ángela Alemán, quien junto con sus colaboradores fabrica botas altas para las estudiantes de gimnasia.
"Algo que a nosotros nos diferencia es la experiencia que hemos ganado a través de los años y el trabajo en la elaboración de botas. Nosotros trabajamos toda la línea de mujer completa, pero nos especializamos en las botas de desfile", indicó Alemán a Xinhua.
El taller utiliza hormas originales en diferentes alturas para responder a las necesidades de cada pedido.
Con 32 años de trayectoria, Alemán considera que las Fiestas Patrias representan una de las mejores temporadas para su negocio.
"Nosotros trabajamos a partir de mayo hasta septiembre, hasta el 12, 13 de septiembre. Es la temporada alta para nosotros, nos ayuda mucho porque es una manera más rápida de movilizar la mercadería", dijo.
La demanda también genera empleo temporal para cortadores, costureras y otros trabajadores locales, dinamizando la economía de numerosas familias de Masaya.
"Se siente bonito ver que el trabajo de uno lo van exhibiendo, aunque muchas veces no nos da tiempo ni de ir a las presentaciones porque los muchachos terminan cansados por todo el ajetreo del trabajo", afirmó Alemán.
Los productos de su taller llegan a distintos departamentos, incluidos territorios de la costa Caribe.
"Todas las botas de nosotros van muy lejos, a todos los departamentos, a Rama, a Bluefields... Ya tenemos muchísimos años de trabajar con esos colegios y cada año nos vuelven a buscar", puntualizó Alemán.
Mientras sastres, costureras y fabricantes de calzado trabajan contra el tiempo, los estudiantes se preparan durante meses para los desfiles, con ensayos de piezas musicales, coreografías y movimientos coordinados.
Luis Antonio Vega, estudiante de octavo año del Instituto Central Dr. Carlos Vega Bolaños, ejecuta el bombo junto con sus compañeros.
"Lo hemos hecho con trabajo duro, esfuerzo, dedicación a lo que tenemos en nuestra banda, y siempre lo que mantenemos es la disciplina para hacer las cosas bien", dijo el estudiante a Xinhua.
El joven expresó su orgullo por representar a Nicaragua y destacó la energía de las celebraciones patrias.
"Me gusta demasiado la banda, es algo muy hermoso, el comportamiento de todos, la disciplina que tenemos. Entré a la banda porque (...) fue una inspiración para mí, para representar a todo mi país", detalló el joven.
La preparación implica horas bajo el sol, cansancio y esfuerzo físico, pero también fortalece los vínculos entre los integrantes.
"La disciplina es todo lo que hace a la banda y el trabajo en equipo; el sol, el cansancio, el trabajo duro que tenemos siempre ha sido así, pero siempre que tengamos disciplina y trabajo en equipo, siempre, siempre seremos una familia unida", puntualizó.
Cuando lleguen el 14 y 15 de septiembre y los uniformes destellen bajo el sol al ritmo de liras y bombos, el espectáculo será el resultado de un trabajo iniciado meses atrás en los talleres de Masaya.










