Por Carina López y Ricardo Montoya
MÉXICO, 30 may (Xinhua) -- El Espacio Escultórico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), considerado referente del arte contemporáneo en América Latina, fusiona las artes plásticas con el paisaje natural en uno de los rincones emblemáticos de la capital mexicana.
Inaugurado en 1979, el conjunto monumental no solo busca plasmar el movimiento escultórico del país, sino también integrar la creación humana con un entorno geológico único marcado por el lecho de lava petrificada del volcán Xitle, que hizo erupción en esa zona hace unos 1.500 o 2.000 años.
La obra fue diseñada por seis representantes del movimiento del arte abstracto y geométrico: Helen Escobedo, Hersúa (Manuel Hernández Suárez), Sebastián (Enrique Carbajal), Federico Silva, Manuel Felguérez y Mathias Goeritz, quienes crearon una nueva forma de entender la relación entre la creación artística, el paisaje natural y el espacio público.
El Espacio Escultórico está conformado por una gran plataforma circular de piedra volcánica rodeada por 64 módulos prismáticos que generan una composición geométrica de grandes proporciones.
Su diámetro exterior es de 120 metros, mientras que la zona interior mide 92,78 metros, con un ancho de plataforma de 13,61 metros.
El complejo restante es una representación del cosmos con referencias prehispánicas, rodeado de la belleza natural de la zona del Pedregal, ubicado al sur de la Ciudad de México.
Para la investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, Louise Noelle Gras, el espacio escultórico es una creación fundamental del siglo XX que marcó la transformación de la escultura en México.
"Tenían grandes debates y discusiones y, finalmente, (los artistas) se pusieron de acuerdo en hacer un círculo que tiene 120 metros de diámetro y, luego, las discusiones siguieron sobre qué se pondría en la parte superior. Llegaron a la decisión de tener estos 64 módulos con una separación mayor en el norte. Todos los demás son equidistantes", dijo a Xinhua la doctora Gras.
En el sitio también se encuentra el paseo del Espacio Escultórico, conformado por seis esculturas situadas en medio de la vegetación, algunas de ellas sobre las rocas volcánicas.
Entre las piezas destacan las Serpientes del Pedregal y Ocho Conejos, de Federico Silva; Ave Dos, de Hersúa; Coatl, de Helen Escobedo; Colotl, de Sebastián; Corona del Pedregal, de Mathias Goeritz; y Variante de la Llave de Kepler, de Manuel Felguérez.
"Es una propuesta abstracta. Todos ellos eran escultores de geometría abstracta, lo cual funcionaba muy bien. La idea era dejar limpio, limpiar la lava al interior que ya tenía muchos crecimientos, como toda la zona alrededor de la Reserva Ecológica de la UNAM", refirió Gras.
Mencionó que estas obras pertenecen a la corriente "land art", cuyo objetivo es conservar el paisaje natural.
"Este arte no es para estar en un museo, es un arte urbano, un arte de la tierra y nada mejor dicho que aquí, donde lo que se está poniendo en relieve es la roca, la roca volcánica de esta zona", mencionó la especialista.
En la actualidad, continuó Gras, este emplazamiento no es un observatorio astronómico ni una ruina prehispánica, sino un monumento al silencio y a la fuerza indomable de la tierra.
El prestigio de este sitio se consolidó en 2024, cuando el Espacio Escultórico y la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel fueron distinguidos con el Premio Internacional Carlo Scarpa para el Paisaje, otorgado por la Fundación Benetton, en Italia, al considerar que el recinto representa un equilibrio excepcional entre el rigor del arte moderno y la conservación de un ecosistema volcánico.
De esta manera, el Espacio Escultórico de la UNAM ofrece a los estudiantes y a sus visitantes un refugio de contemplación y calma que transforma el entorno volcánico en un escenario vivo que facilita el pensamiento creativo.














