Por José Gabriel Martínez y Ricardo Montoya
MÉRIDA, México, 7 abr (Xinhua) -- Un equipo multidisciplinario del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) de México explora una ruta científica que conecta saberes tradicionales, innovación tecnológica y economía circular, al transformar residuos orgánicos como el sargazo y plantas locales como la chaya, en soluciones para la salud pública y la remediación ambiental.
El proyecto, desarrollado en la Unidad Mérida del Cinvestav, en el estado de Yucatán (sureste), se centra en la síntesis de hidrogeles y biomateriales capaces de atender problemas críticos de la región, desde la contaminación de cenotes, los famosos pozos de agua dulce profundos y naturales de la región, hasta lesiones o problemas dérmicos derivados de la diabetes, con una aproximación basada en química verde y nanotecnología.
"Hay grupos de investigación que han estudiado a la chaya, pero no está ampliamente estudiada. Entonces, como es un arbusto de rápido crecimiento, de fácil acceso y que no todos se utilizan para la alimentación, podemos obtener material muy fácilmente sin afectar su consumo para otras cosas", explicó a Xinhua la doctora María Antonieta Fernández, investigadora del centro.
Fernández detalló que a partir de la emblemática planta, popularmente llamada "espinaca maya" e ingrediente fundamental de la gastronomía y cultura de Yucatán, se han identificado a la fecha dos metabolitos.
Con esa base, el equipo ha desarrollado parches de hidrogel enriquecidos con nanopartículas de óxido de zinc y extractos de chaya, orientados al tratamiento de afecciones como el pie diabético, una problemática extendida en México.
Estos materiales buscan proteger la piel, evitar infecciones y favorecer la reparación o sustitución de tejidos dañados mediante propiedades antibacterianas.
En paralelo, la investigación avanza en el aprovechamiento de biomasa local para enfrentar la contaminación hídrica.
Es el caso del sargazo (macro alga), cuya acumulación masiva afecta las costas del Caribe mexicano, que se convierte en insumo clave para la extracción de alginato, un polímero natural que sirve como base de los hidrogeles.
"Estamos trabajando con el alginato de sodio, que también estamos extrayéndolo de algas que se encuentran en las costas tanto de Campeche, Quintana Roo y Yucatán. Entonces, nosotros estamos transformando basura orgánica en una aplicación médica", destacó el doctor Leonardo Hernández, investigador invitado del Cinvestav.
La combinación de estos materiales permite desarrollar estructuras como esferas, parches y filtros tipo esponja, capaces de capturar contaminantes en el agua, que en el caso particular de los biocarbones obtenidos a partir de hojas de chaya, han mostrado resultados relevantes en la remoción de metales pesados.
"Mediante esta técnica pudimos cuantificar que había una remoción de hasta el 92 por ciento de iones plomo. Lo que encontramos es que esta biomasa es muy útil o aplicable para la eliminación de este contaminante", señaló a su vez Galilea Cuamo, asistente de investigación del proyecto.
Este tipo de soluciones cobra especial relevancia en Yucatán, donde los cenotes, fuentes vitales de agua dulce y un gran atractivo turístico, enfrentan crecientes niveles de contaminación por metales y residuos de origen humano.
Para Cuamo, el enfoque del proyecto responde a una visión de largo plazo: "Siempre mi interés ha sido la preservación de los recursos, tanto para nosotros como para las generaciones futuras, en busca de un desarrollo sustentable que sea alcanzable".
El proceso científico involucra desde la recolección y tratamiento de biomasa hasta la obtención de extractos y compuestos activos.
La investigadora en formación, Karla Cahun, trabaja en tal sentido en la extracción de cristales y metabolitos de la chaya para integrarlos en aplicaciones biomédicas y reforzar las propiedades funcionales de los materiales.
Los hallazgos científicos comienzan a respaldar conocimientos empíricos de la medicina tradicional yucateca, en especial en torno a propiedades antidiabéticas y antibacterianas, según los responsables.
En su conjunto, el proyecto apunta a escalar estas tecnologías hacia comunidades rurales y zonas vulnerables, con dispositivos de bajo costo y fácil implementación, al tiempo que promueve una gestión responsable de los residuos capturados.
La convergencia entre ciencia, recursos naturales y necesidades sociales posiciona a este esfuerzo como un ejemplo de innovación aplicada en el sureste de México, donde el aprovechamiento de residuos orgánicos y la biodiversidad local se traducen en soluciones con potencial impacto regional y global.








