Por Carina López y Ricardo Montoya
GUADALAJARA, México, 21 mar (Xinhua) -- En un taller donde el sonido constante del telar de pedales acompaña la jornada, el artesano mexicano Pedro Romo de la Rosa mantiene viva una tradición textil que ha pasado de generación en generación, preservando técnicas heredadas y adaptándolas a los nuevos tiempos sin perder su esencia.
El telar de pedales, técnica introducida durante la época colonial, forma parte del conocimiento que el artesano ha perfeccionado a lo largo de su vida, pues su labor no solo representa un oficio, sino un legado cultural que ha resistido distintas transformaciones en el arte textil mexicano.
En 1936, el padre de Romo de la Rosa, Tomás Romo Rangel, llegó al barrio de San Andrés, en la ciudad de Guadalajara, capital del estado de Jalisco (oeste), cuando este aún era un pequeño poblado cercano; con el paso del tiempo, el crecimiento urbano terminó por integrarlo completamente a la zona.
"Lo que más se producía en esos años era lo que requerían las personas de aquel entonces, como una cobija de lana para cubrirse, una sobrecama de mucho colorido, gabanes, sarapes y rebozos que toda mujer se ponía en la mañana para cubrirse, cargar al niño o echar las verduras del mandado", indicó el productor textil.
Años más tarde, al integrarse al taller siendo joven, Romo de la Rosa aportó nuevos conocimientos al identificar cambios en la demanda, como la baja demanda de algunas piezas tradicionales, entre ellas rebozos, durante largos periodos.
En este contexto, planteó la necesidad de adaptar la producción a los gustos y las necesidades actuales. Desde entonces, el taller inició una transición orientada a diversificar y modernizar sus productos, buscando siempre mantener la tradición sin perder su esencia.
"Empecé a investigar y empezamos a hacer tapetes para el piso, para la sala, para cortinas y cojines. También incluí fibras modernas como el acrílico porque a veces venían turistas extranjeros que se ponían un gabán de lana y les picaba y, ahora, los acrílicos son calientitos y suaves. Tuve éxito con eso", recordó.
En la actualidad, el especialista en tejido y su familia elaboran manteles, colchas, sobrecamas y tapices.
El señor Pedro, de 81 años, recuerda que creció en un entorno donde el trabajo en el taller familiar formaba parte de su vida cotidiana.
Eran unos 15 integrantes que colaboraban en el oficio, entre ellos Romo de la Rosa, quien desde niño realizaba pequeñas tareas que fueron la base de su aprendizaje.
Aunque sus hermanos también aprendieron el oficio, muchos tomaron caminos distintos al formar sus propias familias o continuar sus estudios, por lo cual el padre de Pedro comenzó a expresar su preocupación ante la posibilidad de que el taller desapareciera.
Romo decidió continuar con la tradición familiar, una decisión que, recuerda, brindó tranquilidad y alegría a su padre al asegurar la permanencia de esta labor artesanal.
"Mi compromiso es transmitir y preservar. Lamentablemente, he visto desaparecer grandes conocimientos de artesanos en Tonalá (Jalisco) o Michoacán (oeste) porque a sus hijos ya no les interesa", expresó.
Hoy en día, el artesano encuentra satisfacción en ver que su hija se ha incorporado de manera constante al taller familiar, pues participa activamente en las tareas apoyando tanto en la administración como en las ventas, además de dominar las técnicas de tejido y teñido.
Ella "sabe todos los secretos que pudiera haber en el arte del tejido y teñido. Esa esperanza me da alegría", señaló el artesano.
Romo de la Rosa comentó que uno de sus mayores anhelos es que su obra trascienda fronteras y alcance un mayor reconocimiento internacional, siguiendo el camino que en su momento abrió su padre, cuyas piezas llegaron a exhibirse en espacios culturales de Estados Unidos.
De igual forma mostró interés por continuar proyectando el trabajo del taller fuera y dentro de México, con la expectativa de que las nuevas generaciones mantengan la creatividad y consoliden la presencia del arte textil mexicano en el escenario internacional.










