SAO PAULO, 2 mar (Xinhua) -- Brasil, el segundo mayor exportador del mundo de maíz, ha desarrollado nuevas herramientas genéticas para acelerar la creación de variedades del grano resistentes a la sequía, en un esfuerzo por preservar la producción de uno de sus principales cultivos frente a los crecientes impactos del cambio climático, señala un estudio divulgado hoy por la estatal Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de Sao Paulo (FAPESP, siglas en portugués).
La investigación difundida por la FAPESP identifica regiones específicas del genoma del maíz que permiten insertar genes de manera precisa, lo que reduce la incertidumbre y los altos costos asociados a métodos tradicionales de modificación genética.
El trabajo fue encabezado por el Centro de Investigación en Genómica Aplicada al Cambio Climático (GCCRC, siglas en inglés), con la participación del Centro de Biología Molecular e Ingeniería Genética de la gubernamental Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), dependiente del Ministerio de Agricultura y Ganadería.
Los resultados de la investigación, publicados en la revista científica "Plant Phenome Journal", refieren tecnologías que permiten la inserción específica de transgenes en el genoma del maíz.
"Podemos colocar los transgenes en regiones estables donde su expresión es consistente y se transmite correctamente a las generaciones siguientes. Eso nos permite generar líneas de élite de manera más rápida, barata y eficaz", explicó la investigadora de Embrapa Agricultura Digital, Juliana Yassitepe.
"Entender dónde y cómo insertar estos genes con precisión es un paso fundamental para generar cultivares más adaptados y eficientes, capaces de mantener rendimientos en condiciones de estrés hídrico", explicó.
Según el texto de la FAPESP, los investigadores analizan los llamados "puertos seguros genómicos" para poder lograr la cadena de ácido desoxirribonucleico (ADN) para acelerar el proceso.
Brasil es el tercer mayor productor mundial de maíz y ha llegado a ocupar el primer lugar como exportador global en campañas recientes, al alternar el liderazgo con Estados Unidos según el ciclo agrícola.
El cultivo es fundamental para la alimentación humana, la producción de proteína animal y la industria de biocombustibles, uno de los motores de la transición energética de Brasil, la mayor economía latinoamericana.
En este contexto, el desarrollo de variedades más resistentes es visto como una herramienta estratégica para garantizar seguridad alimentaria, competitividad internacional y sostenibilidad del sector agrícola en el largo plazo.












