De los huertos chilenos a las mesas chinas: el fruto de una cooperación de beneficio mutuo | Spanish.xinhuanet.com

De los huertos chilenos a las mesas chinas: el fruto de una cooperación de beneficio mutuo

spanish.news.cn| 2026-02-02 10:36:00|
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BEIJING, 2 feb (Xinhua) -- En los últimos años, las cerezas chilenas han dejado de ser un producto estacional de lujo para convertirse en una fruta cada vez más habitual en los hogares chinos. Esta transformación va más allá de una simple tendencia de consumo: constituye un ejemplo concreto de cómo la cooperación económica y la apertura del mercado chino pueden traducirse en beneficios reales para productores y consumidores a ambos lados del Pacífico.

Detrás de cada cereza que cruza océanos y cordilleras hay una serie de factores que hacen posible este recorrido: la sólida demanda del mercado chino, las medidas de facilitación comercial, los avances constantes en tecnología de conservación, las mejoras en la logística y una red de distribución cada vez más eficiente.

El acuerdo de libre comercio entre China y Chile, firmado en 2005 y actualizado en 2017, estableció aranceles cero para más del 97 por ciento de los productos comercializados, reduciendo de forma significativa los costos de entrada para frutas altamente demandadas como la cereza.

Los resultados son evidentes. En la temporada pasada, más del 90 por ciento de las exportaciones de cerezas chilenas tuvo como destino China. Según el último reporte de carga de Frutas de Chile, hasta la tercera semana de este año, los envíos de cerezas al mercado chino alcanzaron las 494.563 toneladas, equivalentes a cerca de 98,9 millones de cajas o unos 26.800 contenedores.

Sostener este flujo masivo de exportaciones ha sido posible gracias a la consolidación de rutas directas. Desde 2018, Chile opera la ruta "Cherry Express", que reduce el tiempo de tránsito hacia China de alrededor de 30 días a unos 23. Para finales de 2025, este corredor se amplió de forma significativa, duplicando el número de viajes directos respecto al año anterior y permitiendo movilizar mayores volúmenes durante el pico de la cosecha, al tiempo que se optimizan los costos operativos.

Además de la velocidad del transporte, la calidad de la fruta se apoya en sistemas avanzados de refrigeración, control de humedad y monitoreo térmico en tiempo real. Paralelamente, se ha fortalecido la agilidad institucional mediante la optimización de los trámites aduaneros y portuarios en China, lo que ha permitido reducir de forma significativa los retrasos en los puntos de entrada.

Una vez en territorio chino, las cerezas se incorporan rápidamente a las redes logísticas que abastecen tanto a cadenas minoristas como a plataformas de comercio electrónico, para que el consumidor disfrute de una fruta fresca y dulce en el plazo más corto posible.

Al mismo tiempo, este comercio dinámico genera oportunidades al otro lado del Pacífico. La industria de la cereza se ha consolidado como un pilar del empleo agrícola, creando puestos de trabajo tanto estables como temporales en la producción, el procesamiento, el transporte y la exportación.

De acuerdo con datos de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias del Ministerio de Agricultura de Chile, la superficie cultivada de cerezas se ha multiplicado por alrededor de 20 desde el año 2000, casi duplicándose desde 38.392 hectáreas en 2019 a 70.686 hectáreas en 2024.

Esta expansión está estrechamente vinculada a la certidumbre que ofrece el mercado chino, señaló Guo Cunhai, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia de Ciencias Sociales de China. El vasto volumen y los diversos escenarios de consumo en China permiten una comercialización a gran escala, lo que garantiza un mercado predecible y sostenible para los productores latinoamericanos, añadió.

"La fuerte demanda china también actúa como un motor que transforma al sector productor hacia una industria de mayor valor agregado y más competitiva", afirmó el experto.

Para exportadores como Garces Fruit, el mayor del sector de cerezas de Chile, el mercado chino resulta vital. "Sin el mercado chino, no existiría la industria de la cereza chilena", afirmó Hernán Garcés, gerente de exportaciones de la compañía, al destacar que se trata de un comercio de "ganancias compartidas" que sostiene el empleo en la cosecha, el procesamiento y la logística.

En temporada alta, las tres plantas de procesamiento de Garces Fruit manejan hasta 2 millones de kilos de cerezas por día y emplean a unas 6.000 personas. A escala nacional, se estima que el período de cosecha, que dura alrededor de dos meses, genera entre 400.000 y 600.000 empleos temporales, según medios chilenos que citan estimaciones del sector.

Más allá del pico estacional, el sector sostiene en torno a 200.000 empleos estables, lo que equivale aproximadamente al 1 por ciento de la población chilena y refleja su peso social y económico.

Pero la cereza es solo un microcosmos de los vigorosos intercambios comerciales entre China y América Latina. Según cifras aduaneras chinas, las exportaciones de América Latina al país asiático crecieron un 4 por ciento interanual en 2025, alcanzando los 251.618 millones de dólares. El año pasado, las pecanas peruanas y la chía boliviana ingresaron por primera vez en el mercado chino. En 2026, se prevé la llegada de más sabores latinoamericanos, como lácteos de Ecuador, bananas y limones de Colombia y granada de Perú.

A juicio de Guo, esta diversidad refleja una actualización acelerada de la estructura comercial. La creciente presencia de productos agrícolas de alta calidad y bienes de consumo permite que las relaciones económicas sino-latinoamericanas se vuelvan más resilientes y sostenibles.

Especialistas coincidieron en que se trata del resultado de una apertura de alto nivel de China. Para este año, el país se propone promover un desarrollo comercial más innovador y equilibrado, aspirando no solo a mantener su rol como la "fábrica del mundo", sino a consolidarse como el "mercado del mundo", ofreciendo mayores oportunidades para productos y servicios de todos los países.

Este salto cualitativo encuentra su reflejo más fiel en la pequeña fruta producida en Chile. De este modo, una sola cereza termina por concentrar una dulzura compartida: mientras satisface el paladar de las familias chinas, también contribuye al bienestar de decenas de miles de hogares al otro lado del Pacífico.

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