BUENOS AIRES, 18 ene (Xinhua) -- La reciente firma del acuerdo de libre comercio entre el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE), tras más de 25 años de negociaciones, abre un nuevo escenario para el comercio birregional, con expectativas de ampliación del acceso a mercados y mayor cooperación, aunque también con desafíos estructurales y asimetrías que condicionarán su impacto, sostuvieron especialistas consultados por Xinhua.
El acuerdo, que deberá ser ratificado por los Congresos de los países del Mercosur y por el Parlamento Europeo antes de entrar en vigor, prevé la eliminación o reducción de aranceles al comercio bilateral, además de incorporar capítulos vinculados al diálogo político y la cooperación en áreas como el desarrollo sostenible.
Desde la perspectiva del comercio exterior argentino, uno de los puntos centrales es la eliminación estimada de aranceles por parte de la UE al 92 por ciento de las exportaciones argentinas, junto con el acceso preferencial para otro 7,5 por ciento, lo que podría fomentar el comercio, la inversión y la creación de empleo en el país, de acuerdo con los lineamientos generales del entendimiento.
En términos de magnitud económica, el acuerdo conecta dos bloques de peso en el sistema internacional, vinculando al Mercosur con uno de los principales mercados de alto ingreso per cápita del mundo, en un contexto global marcado por tensiones comerciales, disputas geopolíticas y reconfiguración de las cadenas de suministro, según sostuvieron los analistas consultados por esta agencia.
Al analizar el potencial del vínculo birregional, la coordinadora del departamento de investigación sobre América Latina y el Caribe en la Universidad Nacional de la Plata, Laura Bogado, subrayó la relevancia mutua de ambos bloques en el comercio global y el tamaño de los mercados involucrados.
"Es importante destacar que la UE es el segundo mayor socio comercial de mercancías del Mercosur y el bloque sudamericano es el décimo mayor socio comercial de bienes de la UE. Las empresas de la UE tienen un enorme potencial para exportar a un mercado de más de 295 millones de personas. De la misma manera para el Mercosur, el mercado europeo representa más de 700 millones de consumidores", señaló Bogado.
Bogado advirtió que, más allá de la firma, persisten focos de incertidumbre asociados a la etapa de aprobación institucional en Europa y a los tiempos políticos que rodean ese proceso.
Sin embargo, en relación con la posibilidad de nuevas revisiones, Bogado consideró que el margen para modificar el texto es limitado, luego de las múltiples instancias de renegociación que atravesó el entendimiento para atender reclamos sectoriales en ambos bloques.
"El acuerdo tuvo recientes modificaciones (salvaguardas) que fueron introducidas por parte de la Comisión Europea para lograr destrabarlo, lo que logró el cambio de criterio de Italia. Sin embargo, estimo que, luego de las múltiples revisiones que recibió el acuerdo por ambos bloques, no sería posible que tuviera nuevos cambios", opinó.
Sobre esta idea agregó que "los puntos más problemáticos presentados por los sectores de productores agrícolas de Europa y de Pymes y algunos sectores industriales del Mercosur ya fueron atendidos en sus reclamos".
Bogado enfatizó que el impacto económico del acuerdo no será homogéneo para los países del bloque sudamericano, ya que los mayores beneficios iniciales se concentrarían en los sectores agroexportadores del Mercosur, aunque condicionados por la capacidad de adaptación a estándares europeos cada vez más exigentes.
"No cabe dudas que el acuerdo no impactará, a nivel económico, de la misma manera en los diferentes países y sectores. Los sectores agroproductores del Mercosur se beneficiarán sobre todo por el aumento de las cuotas de exportación de bienes que podrán ingresar a la UE", indicó.
"Sin embargo, este intercambio se podría ver afectado si el Mercosur no logra adaptarse a los estándares sanitarios, fitosanitarios y ambientales exigidos por la UE, los cuales se tornarán cada vez más exigentes", advirtió.
La especialista también alertó sobre un desafío estructural persistente para la región, vinculado al perfil productivo y a los procesos de desindustrialización que atraviesan varios países del bloque.
"El Mercosur se enfrentará al mismo problema que viene arrastrando desde sus orígenes y que tiene que ver con que nuestra región es esencialmente productora de 'commodities' que conforman la base de sus economías y su comercio. Esto último podría significar un grave problema para el futuro, ya que la cada vez más escasa producción industrial del Mercosur no podría competir con la industria de la UE", enfatizó.
Desde una mirada más enfocada en el comercio y las cadenas de suministro, el analista de la Bolsa de Comercio de Rosario, Guido D'Angelo, hizo énfasis en las incertidumbres asociadas a la normativa europea en materia de salvaguardas agrícolas.
"Entendemos que la principal incertidumbre puede surgir del lado de la legislación unilateral de salvaguardas para productos agrícolas que aprobó la UE en diciembre del año pasado. Esta normativa introduce la posibilidad de frenar importaciones mediante investigaciones aceleradas ante simples variaciones de precios o volúmenes, lo que podría funcionar como una barrera paraarancelaria que contradice el espíritu de apertura pactado", señaló el analista.
En línea con Bogado, D'Angelo consideró poco probable que el texto del acuerdo sufra nuevas modificaciones, dada la complejidad política que implicaría reabrir las negociaciones, al tiempo que destacó la magnitud del entendimiento en términos de alcance económico.
"Al armonizar normativas y estándares entre uno de los bloques de mayor ingreso per cápita y una región líder en producción de alimentos, el acuerdo fortalece la resiliencia de las cadenas de suministro, permitiendo al Mercosur integrarse de manera más sofisticada en el comercio mundial tras años de rezago en la firma de acuerdos", finalizó.










