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Comentario: El desenfreno arancelario de Washington es una intimidación contraproducente

spanish.news.cn| 2025-04-03 09:19:15|
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BEIJING, 3 abr (Xinhua) -- Una vez más, la Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha demostrado al mundo que sus políticas comerciales se basan en una premisa errónea. Si bien el mantra de "cobrar lo que nos cobran" puede sonar justo, ignora descaradamente las realidades económicas.

En medio de una amplia oposición, Trump firmó el miércoles una orden ejecutiva sobre los llamados "aranceles recíprocos", que impone un "arancel mínimo de base" del 10 por ciento y tasas más altas a ciertos socios comerciales.

Al convertir el comercio en un juego de ojo por ojo demasiado simplista, Washington está desmantelando un sistema de comercio global basado en la eficiencia, la especialización y el beneficio mutuo, perjudicando tanto a la economía de EE. UU. como a la economía global en general.

La idea de los aranceles recíprocos es particularmente errónea. El principio de la ventaja comparativa permite a los países centrarse en lo que hacen mejor y comerciar por el resto. Ignorar este principio genera ineficiencias económicas.

Tomemos el café como ejemplo. Estados Unidos lo importa libre de aranceles porque produce muy poco. Brasil, el exportador de café más grande del mundo, impone una tarifa del 9 por ciento en importaciones. Si Estados Unidos igualara ese arancel, no impulsaría la producción de café en su territorio, solo aumentaría los precios para los consumidores y afectaría a las empresas. Esta misma lógica se aplica a innumerables otros productos.

Las quejas arancelarias de la Administración Trump ignoran la historia. En lugar de ser impuestos arbitrariamente por Gobiernos extranjeros, los aranceles al exterior fueron el resultado de arduas negociaciones conocidas como la Ronda de Uruguay, que dieron forma a las reglas del comercio moderno y establecieron el principio del trato de "nación más favorecida".

Esto significa que los países aplican las mismas tarifas a todos los socios comerciales, en lugar de apuntar a cualquier nación específicamente. La afirmación de la Administración Trump de que estos aranceles están injustamente dirigidos a Estados Unidos simplemente no se sostiene.

Durante las negociaciones de la Ronda de Uruguay, el sistema comercial mundial se diseñó para adaptarse a las diferencias de desarrollo. A las economías emergentes se les permitieron aranceles más altos para nutrir sus industrias, mientras que las economías avanzadas se beneficiarían de barreras comerciales más bajas que fomentaban la eficiencia y la competencia. Desmantelar esta estructura no ayudará a las empresas estadounidenses, sino que desestabilizará el comercio global al provocar conflictos comerciales a gran escala.

Irónicamente, las víctimas más claras del proteccionismo de Trump probablemente sean los propios estadounidenses. A pesar de las promesas de revivir la manufactura, las medidas proteccionistas han afianzado las ineficiencias y han disminuido la competitividad.

¿Qué ha logrado hasta ahora la política comercial centrada en aranceles de Trump? El déficit comercial de Estados Unidos solo ha empeorado, elevándose a 1,07 billones de dólares en 2024, frente a 870.000 millones de dólares en 2018 cuando comenzó la guerra comercial de Trump. La investigación del Banco de la Reserva Federal de Nueva York encontró que las tarifas han reducido el bienestar económico de EE. UU. en un 3 por ciento, perjudicando a negocios y consumidores por igual. La industria del acero, presentada como el símbolo de los aranceles de Trump, ha visto estancarse los niveles del empleo. Incluso en 2023, el número de trabajadores en el sector siderúrgico seguía por debajo de los niveles de 2018.

Peor aún, a pesar de la imposición por parte de Trump de aranceles del 25 por ciento a las importaciones de acero en 2018, la productividad del sector en EE. UU., medida en producción por hora, ha caído un 32 por ciento en ocho años. Las empresas que dependen del acero de Estados Unidos y que emplean 45 veces más trabajadores que los propios productores de acero pagan precios aproximadamente un 75 por ciento más altos que sus competidores globales, según un informe reciente del Consejo de Relaciones Exteriores.

La obsesión arancelaria de Washington no solo está fallando en revitalizar las industrias estadounidenses, sino que las está haciendo retroceder. Aún más preocupante para las autoridades estadounidenses es que este enfoque podría dejar a Estados Unidos al margen mientras la economía global avanza sin él.

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