Por Eduardo Klinger Pevida
Si los instrumentos y políticas implementadas por el presidente Donald Trump no logran devolver a Estados Unidos al "esplendor" económico que se prometió, su legado podría terminar marcado por una desaceleración económica prolongada, un fenómeno que algunos analistas ya han comenzado a denominar la "Trumpcesión".
Esta potencial recesión, producto de un enfoque económico nacionalista, proteccionista y a menudo impredecible, podría dar lugar a un estancamiento en el crecimiento, una mayor desigualdad social y un retroceso en la competitividad global. En última instancia, lo que parecía ser un mandato enfocado en restaurar el poderío económico de Estados Unidos podría convertirse en un periodo de declive, donde los esfuerzos por revitalizar el país pudieran resultar en un desajuste en la economía mundial y la interna, afectando a sectores clave como el comercio, la inversión y la innovación.
Involucrado personalmente y respaldado por su equipo, Trump tiene la convicción de que su compleja estrategia arancelaria, centrada en gran medida en el proteccionismo industrial y en el uso de aranceles como una potente herramienta de negociación, está destinada al éxito, aunque reconoce que este proceso podría resultar "doloroso".
Trump aún no ha mostrado todas sus cartas, pero varios analistas advierten que los aranceles que está implementando podrían superar los niveles impuestos en la década de 1940, cuando se fundaron las bases de las instituciones comerciales globales y se negoció el Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles (GATT), precursor de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Este acuerdo se firmó bajo la premisa de que los aranceles elevados suben los precios, reducen la demanda y, más temprano que tarde, afectan a las industrias que se pretenden proteger.
Prácticamente, todos los economistas avizoran un grave deterioro de los indicadores macroeconómicos debido a la ofensiva arancelaria de Trump. Y efectivamente, en su reunión periódica del mes de marzo, la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos degradó las expectativas para 2025 a tan solo 1,7 por ciento de aumento del Producto Interno Bruto (PIB) y una inflación de 2,7 por ciento, en contraste a las expectativas de un crecimiento de 2,1 por ciento con una inflación de 2,5 por ciento.
Además, se ajustó ligeramente la tasa de desempleo, llevándola del 4,3 por ciento al 4,4 por ciento, con la preocupación adicional de los recortes de plantilla en oficinas federales, impulsados por el magnate Elon Musk, en un intento de ajustar el presupuesto.
Aunque el presidente de la Fed aseguró que la economía está en "relativa buena forma", recomendó que "lo correcto era esperar a que se aclare la situación económica" advirtiendo que la política intensa de aplicación de aranceles ejercerá una presión alcista sobre los precios.
Entre el aumento de aranceles, el consecuente incremento en los precios y la cancelación de miles de funcionarios, se podría esperar un incremento inflacionario, lo que llevaría a la Fed a elevar las tasas de interés, encareciendo el crédito y reduciendo tanto el consumo como la inversión. Tal fuerza desestabilizadora podría alejar a Estados Unidos de su objetivo de "ser grande otra vez".
Además, la creciente incertidumbre económica provocada por decisiones como la cancelación de programas gubernamentales y la renegociación de acuerdos comerciales, podría minar la confianza de los inversionistas nacionales e internacionales. Las consecuencias serían profundas: la desaceleración económica no solo reduciría el dinamismo del mercado laboral, sino que también pondría en peligro la estabilidad financiera del país.
En este contexto, lo que muchos esperaban como el renacimiento de una América "grande otra vez" podría terminar siendo una caída en picada hacia un periodo de estancamiento económico, con menos capacidad de innovación, menor competitividad en el escenario global. La "Trumpcesión" podría entonces convertirse en una realidad y un obstáculo para el tipo de prosperidad sostenida que el presidente había anticipado en su mandato.
La concepción del presidente estadounidense es que su estrategia, sustentada fuertemente en la aplicación de aranceles a diestra y siniestra comenzando por sus principales socios comerciales, impulsaría la producción y crearía nuevos empleos, ya que espera que sus socios bajen sus aranceles, lo que permitiría a Estados Unidos aumentar sus exportaciones y atraer a más compañías para instalarse en el país.
Expectativas muy cuestionables, teniendo en cuenta que la reacción inmediata de los países afectados no ha sido de sumisión, sino contestataria. Y, por otra parte, está por ver cuántas empresas abandonarán mercados ya establecidos para trasladar su producción a Estados Unidos.
Lo que es objetivamente cierto es que la ofensiva arancelaria está dando lugar a una guerra comercial, cuyas consecuencias impactarán fuertemente en los bolsillos de los consumidores estadounidenses. Por ejemplo, los aranceles sobre el gas y los combustibles provenientes de Canadá afectarán a la sociedad estadounidense, dado que Estados Unidos depende, en parte, tanto de la gasolina como del combustible para calefacción importado desde Canadá.
Además, el cierre de mercados crea un entorno que conduce aún más a la elevación de precios, ya que los productores locales, ante una ventaja monopólica, tienden a elevar los precios afectando todavía más a los consumidores, sobre todo a los sectores de bajos ingresos.
Al mismo tiempo, el más amargo sufrimiento que pudiera padecer Donald Trump y su "Trumpnomics" sería ver cómo el dólar pierde su estatus de moneda líder mundial. Aunque el dólar se mantiene dominante debido a su abrumadora participación en el PIB global y la profundidad de sus mercados financieros, algunos expertos advierten que las políticas de Trump podrían debilitar su posición.
El denominado "Acuerdo de Mar-a-Lago", impulsado en noviembre pasado por Stephen Miran, director del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, plantea la posibilidad de depreciar el dólar con el objetivo de abaratar las exportaciones estadounidenses y reducir el déficit comercial. El debilitamiento de la moneda ayudaría igualmente a limitar el endeudamiento sin límites de una deuda que ya asciende a más de 36 billones de dólares.
No obstante, este plan, basado en una agresiva guerra comercial como herramienta de negociación y en la imposición a los acreedores extranjeros de un canje de bonos de corto plazo por deuda a 100 años, ha despertado serias preocupaciones sobre el unilateralismo y la falta de responsabilidad fiscal de la administración.
Además, en marzo de 2025 Trump estableció por decreto una reserva de Bitcoin en un intento de diversificar las reservas, pero si otras naciones e instituciones siguiesen sus pasos y recurren al Bitcoin como reservas en lugar del dólar, pudiera generarse una tendencia a la disminución global de dólares.
Con la erosión del dólar como moneda de reserva mundial, Estados Unidos perdería su privilegio de imprimir dinero y endeudarse a tasas de interés bajas. En ese escenario, todo el debilitamiento de la macroeconomía causado por los aranceles habría sido en vano.
En conclusión, la política de Trump no está exenta de riesgos. La imposición indiscriminada de tarifas aduaneras podría ser perjudicial para el crecimiento económico, la inflación y el empleo. Esta estrategia, centrada en la guerra arancelaria y el proteccionismo, no necesariamente coincidirá con los intereses de otros actores internacionales, y no todos estarán dispuestos a ceder ante la presión estadounidense.
A largo plazo, las consecuencias de esta política podrían ser mucho más complejas de lo que sus seguidores anticipan. Si las medidas de Trump no logran revitalizar la economía y, por el contrario, conducen a una desaceleración prolongada, el término "Trumpcesión" podría dejar de ser una mera advertencia y convertirse en una realidad económica ineludible.
(Eduardo Klinger Pevida es miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y director del Centro de Análisis y Estudios sobre China y Asia)
(Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no necesariamente reflejan la postura de la Agencia de Noticias Xinhua)