Navidad en Argentina y China

Actualizado 2017-12-25 10:30:27 | Spanish. xinhuanet. com

(1)FRANCIA-PARIS-SOCIEDAD-NAVIDAD

Luces de colores son iluminadas en el Boulevard Hausmann, en París, Francia, el 24 de diciembre de 2017. (Xinhua/Chen Yichen)

Por Guillermo Bravo

Le estoy quemando la espalda a un lechoncito, me escribe un amigo desde Córdoba, Argentina. Me quedo pensando en la costumbre cordobesa de decir las cosas mediante una imagen humorística.

Me parece hermoso, porque mi amigo podría haberme dicho que estaba cocinando un cerdo pero no, en Córdoba no se hace así. Siendo él cordobés podría haberme dicho algo como “le estoy quemando la espalda a una cara con enchufe”, o algo así.

La primera vez que escuche “cara con enchufe” para designar al lechón, me estuve riendo por unos quince minutos. Así se celebra navidad en mi provincia, con un asadito, humor, cervezas y algunos productos característicos de la fecha: sidra,pan dulce,turrones.

A esta altura de mi vida esos productos no son para mí los de navidad, sino los de la infancia. Quebrado ya para siempre ese reino infantil, ya no vale la pena consumirlos.

(7)ARGENTINA-BUENOS AIRES-SOCIEDAD-NAVIDAD

La maestra pastelera Noelia Juárez prepara un pan dulce, en el café "Los 36 billares" en la ciudad de Buenos Aires, capital de Argentina, el 22 de diciembre de 2017. Un pan dulce artesanal, elaborado en un café inaugurado hace 123 años en Buenos Aires, cautiva por su sabor a residentes y turistas que visitan la capital argentina. Se trata de un producto que tiene una receta "secreta" y guardada bajo siete llaves, responsabilidad del maestro pastelero Luis Komarniky, responsable de los productos que elabora el café "Los 36 billares", ubicado en la avenida de Mayo al 1200, en el centro de esta ciudad, a pocas cuadras del edificio del Congreso de la Nación. El producto se prepara desde la madrugada y en estas épocas supera las 500 unidades diarias, con récord de producción y ventas. El café "Los 36 billares" está entre los 10 considerados "notables" de la capital argentina y allí se dan cita propios y extraños para llevarse el producto, que tiene un valor de 320 pesos (17.53 dólares estadounidenses) el kilogramo. (Xinhua/Martín Zabala)

Para peor, me he hecho vegetariano, por lo que quedo afuera de casi todos los platos navideños que se preparan en Argentina. Y hace doce años que no paso navidad en mi país.

Además soy ateo, por lo que me opongo a celebrar el nacimiento de alguien que no conocí y en el que no creo (yo sólo celebraría el nacimiento de mi propio hijo).

Así y todo es tan fuerte la fecha que no puedo evitar sentirme atravesado por una corriente de sentimientos contradictorios. Por momentos me pongo escéptico y digo que odio navidad porque odio las mentiras del cristianismo, odio las mentiras del capitalismo, odio las mentiras de Hollywood (y sobre todo la espantosa película Mi pobre angelito, que sucede en navidad),odio las mentiras de occidente.

En otros momentos quiero vivir la atmósfera celebratoria a pleno, comprarles regalos a todos mis amigos y recorro la ciudad (vivo en Beijing) buscando ese pan dulce que se come en mi tierra, encuentro un substituto italiano muy caro y lo compro de todas formas.

Ya lo decían los griegos, somos seres sociales, y no podemos no sentir los ecos de las campanas que hacen vibrar a la sociedad en la que estamos inmersos.

Así, al cabo de los años la navidad se ha transformado en un pequeño problema.

CROACIA-REJEKA-SOCIEDAD-NAVIDAD

Personas portando trajes de Santa Claus esperan para participar en la Carrera Navidad de Sanca Claus de 1.5 kilómetros, en Rejeka, Croacia, el 23 de diciembre de 2017. (Xinhua/Goran Kovacic)

Durante los años que pasé en Francia pude disfrutar la navidad porque el frío me recordaba las estúpidas películas navideñas, porque la compañía era calurosa y la comida invariablemente excelente.

Aquí en China ha sido más difícil, al no ser un país con una huella (o una cicatriz), tan profunda del cristianismo, no se celebra casi navidad.

Aquí pasé por ejemplo una muy mala navidad, y no fue culpa del país justamente. Una amiga argentina me dijo, o por lo menos entendí eso, que hacía un banquete en la casa de otra amiga. Imaginé una gran comida navideña con muchos connacionales y me anoté con mi novia.

Y bien, cuando llegamos la dueña de la casa puso una cara de sorpresa, no había nada ni nadie. La amiga -ella sola-llegó tardísimo, casi sobre la medianoche y con un sushi que había comprado en la estación de servicio abajo. Pedimos unas pizzas y unas coca colas.Y llegada la hora brindamos.

Por mucho tiempo estuve enojado con mi amiga por esta pésima celebración (y por haberme hecho quedar mal con mi novia).

Eso demuestra que navidad me importa, a pesar de, a pesar de no sé qué. No sé por qué me quejo, me resisto, debería entregarme a la navidad y al capitalismo como Donald O'Connor se entrega a la lluvia.

En pocas horas llega mi madre, después de 36 horas de vuelo desde Argentina. Vamos a celebrar navidad juntos después de doce años sin poder hacerlo. Debería entregarme al cariño familiar como Donald O'Connor se entrega a la lluvia.

 

 
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Navidad en Argentina y China

Spanish.xinhuanet.com 2017-12-25 10:30:27

(1)FRANCIA-PARIS-SOCIEDAD-NAVIDAD

Luces de colores son iluminadas en el Boulevard Hausmann, en París, Francia, el 24 de diciembre de 2017. (Xinhua/Chen Yichen)

Por Guillermo Bravo

Le estoy quemando la espalda a un lechoncito, me escribe un amigo desde Córdoba, Argentina. Me quedo pensando en la costumbre cordobesa de decir las cosas mediante una imagen humorística.

Me parece hermoso, porque mi amigo podría haberme dicho que estaba cocinando un cerdo pero no, en Córdoba no se hace así. Siendo él cordobés podría haberme dicho algo como “le estoy quemando la espalda a una cara con enchufe”, o algo así.

La primera vez que escuche “cara con enchufe” para designar al lechón, me estuve riendo por unos quince minutos. Así se celebra navidad en mi provincia, con un asadito, humor, cervezas y algunos productos característicos de la fecha: sidra,pan dulce,turrones.

A esta altura de mi vida esos productos no son para mí los de navidad, sino los de la infancia. Quebrado ya para siempre ese reino infantil, ya no vale la pena consumirlos.

(7)ARGENTINA-BUENOS AIRES-SOCIEDAD-NAVIDAD

La maestra pastelera Noelia Juárez prepara un pan dulce, en el café "Los 36 billares" en la ciudad de Buenos Aires, capital de Argentina, el 22 de diciembre de 2017. Un pan dulce artesanal, elaborado en un café inaugurado hace 123 años en Buenos Aires, cautiva por su sabor a residentes y turistas que visitan la capital argentina. Se trata de un producto que tiene una receta "secreta" y guardada bajo siete llaves, responsabilidad del maestro pastelero Luis Komarniky, responsable de los productos que elabora el café "Los 36 billares", ubicado en la avenida de Mayo al 1200, en el centro de esta ciudad, a pocas cuadras del edificio del Congreso de la Nación. El producto se prepara desde la madrugada y en estas épocas supera las 500 unidades diarias, con récord de producción y ventas. El café "Los 36 billares" está entre los 10 considerados "notables" de la capital argentina y allí se dan cita propios y extraños para llevarse el producto, que tiene un valor de 320 pesos (17.53 dólares estadounidenses) el kilogramo. (Xinhua/Martín Zabala)

Para peor, me he hecho vegetariano, por lo que quedo afuera de casi todos los platos navideños que se preparan en Argentina. Y hace doce años que no paso navidad en mi país.

Además soy ateo, por lo que me opongo a celebrar el nacimiento de alguien que no conocí y en el que no creo (yo sólo celebraría el nacimiento de mi propio hijo).

Así y todo es tan fuerte la fecha que no puedo evitar sentirme atravesado por una corriente de sentimientos contradictorios. Por momentos me pongo escéptico y digo que odio navidad porque odio las mentiras del cristianismo, odio las mentiras del capitalismo, odio las mentiras de Hollywood (y sobre todo la espantosa película Mi pobre angelito, que sucede en navidad),odio las mentiras de occidente.

En otros momentos quiero vivir la atmósfera celebratoria a pleno, comprarles regalos a todos mis amigos y recorro la ciudad (vivo en Beijing) buscando ese pan dulce que se come en mi tierra, encuentro un substituto italiano muy caro y lo compro de todas formas.

Ya lo decían los griegos, somos seres sociales, y no podemos no sentir los ecos de las campanas que hacen vibrar a la sociedad en la que estamos inmersos.

Así, al cabo de los años la navidad se ha transformado en un pequeño problema.

CROACIA-REJEKA-SOCIEDAD-NAVIDAD

Personas portando trajes de Santa Claus esperan para participar en la Carrera Navidad de Sanca Claus de 1.5 kilómetros, en Rejeka, Croacia, el 23 de diciembre de 2017. (Xinhua/Goran Kovacic)

Durante los años que pasé en Francia pude disfrutar la navidad porque el frío me recordaba las estúpidas películas navideñas, porque la compañía era calurosa y la comida invariablemente excelente.

Aquí en China ha sido más difícil, al no ser un país con una huella (o una cicatriz), tan profunda del cristianismo, no se celebra casi navidad.

Aquí pasé por ejemplo una muy mala navidad, y no fue culpa del país justamente. Una amiga argentina me dijo, o por lo menos entendí eso, que hacía un banquete en la casa de otra amiga. Imaginé una gran comida navideña con muchos connacionales y me anoté con mi novia.

Y bien, cuando llegamos la dueña de la casa puso una cara de sorpresa, no había nada ni nadie. La amiga -ella sola-llegó tardísimo, casi sobre la medianoche y con un sushi que había comprado en la estación de servicio abajo. Pedimos unas pizzas y unas coca colas.Y llegada la hora brindamos.

Por mucho tiempo estuve enojado con mi amiga por esta pésima celebración (y por haberme hecho quedar mal con mi novia).

Eso demuestra que navidad me importa, a pesar de, a pesar de no sé qué. No sé por qué me quejo, me resisto, debería entregarme a la navidad y al capitalismo como Donald O'Connor se entrega a la lluvia.

En pocas horas llega mi madre, después de 36 horas de vuelo desde Argentina. Vamos a celebrar navidad juntos después de doce años sin poder hacerlo. Debería entregarme al cariño familiar como Donald O'Connor se entrega a la lluvia.

 

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