El sol es la única semilla de Gonzalo Rojas llega a China

Actualizado 2017-07-07 11:24:35 | Spanish. xinhuanet. com

 (Xinhuanet/Guo Mengyan)

Jorge Heine, embajador de Chile en China

Mi Catalina : Es la primera vez que te escribo pero sabes lo mucho y mucho que te quiero desde antes que llegaras. Me parece verte y la verdad es que ya te he visto en sueños y casi he oído lo que no alcanzas a decirme. Ahora estoy muy lejos en una ciudad muy vieja y muy extraña que te habría gustado conocer conmigo, así como tu padre empezó a conocer conmigo en otro tiempo muchas otras maravillas de este planeta. Crecerás pronto y alcanzaremos a pasear juntos por la tierra hermosa.

Así le escribió desde Beijing, Gonzalo Rojas, el poeta chileno y Premio Cervantes de Literatura, a su nieta Catalina en marzo de 1972, cuando ella tenía tres meses de edad. ¿Quién le escribe a una niñita de tres meses? Solo un Gonzalo Rojas. Y ésta fue apenas una de las joyas que surgieron en el lanzamiento de la primera edición en chino mandarín de la poesía de Rojas, El sol es la única semilla, que tuvo lugar en Beijing hace unos días. Se trata de una elegante edición en tapas duras publicada por The Commercial Press , con 88 poemas ( algunos de ellos, como “Un bárbaro en el Asia”, escritos en Beijing) , con ilustraciones de Roberto Matta, el gran pintor chileno.

La carta, leída por la propia Catalina Rojas, hoy una traductora literaria radicada en Alemania, y que viajó especialmente a China para el evento, le dio una emotividad especial a la ocasión. El traductor de la obra, el profesor Zhao Zhenjiang, un prominente hispanista de la Universidad de Pekín, a su vez, recordó haber conocido a Rojas en 1965, en la segunda visita a China del poeta, y contó los desafíos de traducir a Rojas al chino mandarín. Más allá de las dificultades inherentes a traducir poesía, cabe añadir el carácter surrealista de los versos de Rojas, con expresiones abstractas cuyo sentido no es fácil de determinar ( “Prefiero traducir cinco poemas de Gabriela Mistral a traducir uno de Gonzalo Rojas. Es demasiado difícil”).

(Xinhuanet/Guo Mengyan)

Dada la relación que Rojas tuvo con China, donde no solo fue agregado cultural en la Embajada de Chile entre 1971 y 1972, sino que también la visitó en repetidas oportunidades anteriores, esta publicación corrige una importante omisión. Rojas no solo conocería al primer ministro Zhou Enlai, sino que también al Presidente Mao Zedong, con quien Rojas tuvo una larga conversación sobre poesía y teoría literaria en abril de 1959, en su primera visita a estas tierras. En esa conversación, Mao le dice a Rojas, “ Pensar que su hermosa lengua, nació en una meseta tan pequeña de Castilla y sin embargo cobró unidad y genio hasta llegar a ser lo que es hoy. Nosotros tenemos un idioma mayor, y muchos, muchísimos dialectos, lo que constituye un problema desde el punto de vista de la comunicación y la unidad literaria”. Mao también le preguntó sobre sus preferencias en materia de métrica, señalando que él, Mao, prefería el verso medido al libre.

Nacido en el pueblo sureño de Lebu, hijo de un minero que murió al tener Rojas apenas cuatro años, dejando a una viuda con ocho hijos, la vida y trayectoria de Rojas tiene paralelos con las de otros grandes poetas chilenos—hijos de familias humildes, de provincia, que surgen a partir de un enorme talento literario y dominio del castellano, remontando no solo de la provincia que los vio nacer, sino que de su propio país, haciéndose de una reputación y un reconocimiento internacional, y combinando el oficio de poeta con actividades académicas y diplomáticas.

Después de estudiar Derecho en la Universidad de Chile y abandonarlo por los de Literatura, y una vida ambulante por su país, Rojas se asentó en los cincuenta como catedrático de literatura en la Universidad de Concepción, enseñando teoría literaria y ejerciendo una enorme influencia en su país y en América Latina. Convocó a simposios literarios con lo más granado de los escritores de la América morena, y más de alguno de ellos señalaría después que el boom literario de la región, que surge en los sesenta, se originó en alguna medida en estos encuentros.

Para algunos, Rojas y Nicanor Parra, otro de nuestros vates ( ya con 103 años cumplidos, vivito y coleando, y una colección de cuya poesía, El último apaga la luz, acaba de ser publicada) hacen de enlace, de eslabón entre los que sientan las bases de la gran tradición poética de Chile, como Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Vicente Huidobro, con generaciones posteriores, como Jorge Teillier, Raúl Zurita, Oscar Hahn y Enrique Lihn. Para Julio Cortázar, Rojas “le devuelve a la poesía tantas cosas que le habían quitado”.

Curiosamente, sin embargo, y a diferencia de muchos de sus colegas, Rojas durante la primera parte de su vida tuvo una producción escasa—al llegar a los 60 años apenas había publicado tres libros—La miseria del hombre en 1948, Contra la muerte en 1964, y en 1977, Oscuro. De hecho hay una anécdota muy reveladora de Rojas con Neruda sobre esto : estaban en una comida, por allá por 1960, y un amigo de ambos, le pregunta a Neruda, “Qué cree Usted de la poesía de Gonzalo Rojas?”, y el amigo va al otro extremo de la mesa y le dice a Rojas : “Neruda opina que no eres un mal poeta, pero que escribes poquitico”. Y Rojas le respondió . “Y dile a Neruda que es un genio, pero que escribe demasiadito”.

Rojas es considerado un poeta muy innovador, con un fuerte énfasis en la poesía lírica y un erotismo, algunos dirían, bastante osado. Por otra parte, uno los leitmotivs de su obra es el del contrapunto entre la vida y la muerte, algo bien expresado en el título de una extensa biografía de su vida, El volcán y el sosiego de Fabienne Bradu (2016), que apunta a esa tensión entre sístole y diástole, entre acción y reposo, un tema recurrente en su obra.

Y como un volcán dormido, que finalmente erupciona, fue en las últimas décadas de su vida, parte importante de las cuales las pasó en su casona en Chillán, en el Sur de Chile, con una enorme cama china que decía que tenía tres siglos, en que comenzó a escribir y publicar poesía con gran vigor y en forma muy prolífica. Llegó así al medio centenar de obras, y a ser reconocido urbi et orbi— recibiendo el Premio Nacional de Literatura en Chile y el Premio Reina Sofía de España en 1992 ; el Premio José Hernández de Argentina y el Premio Octavio Paz de México en 1998 ; y el Premio Miguel de Cervantes, máximo galardón de las letras hispánicas, en 2003.

Y ahora, finalmente, parte de su poesía, tal vez inclasificable, pero siempre original y de gran fuerza, está a disposición del público lector chino.

 
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El sol es la única semilla de Gonzalo Rojas llega a China

Spanish.xinhuanet.com 2017-07-07 11:24:35

 (Xinhuanet/Guo Mengyan)

Jorge Heine, embajador de Chile en China

Mi Catalina : Es la primera vez que te escribo pero sabes lo mucho y mucho que te quiero desde antes que llegaras. Me parece verte y la verdad es que ya te he visto en sueños y casi he oído lo que no alcanzas a decirme. Ahora estoy muy lejos en una ciudad muy vieja y muy extraña que te habría gustado conocer conmigo, así como tu padre empezó a conocer conmigo en otro tiempo muchas otras maravillas de este planeta. Crecerás pronto y alcanzaremos a pasear juntos por la tierra hermosa.

Así le escribió desde Beijing, Gonzalo Rojas, el poeta chileno y Premio Cervantes de Literatura, a su nieta Catalina en marzo de 1972, cuando ella tenía tres meses de edad. ¿Quién le escribe a una niñita de tres meses? Solo un Gonzalo Rojas. Y ésta fue apenas una de las joyas que surgieron en el lanzamiento de la primera edición en chino mandarín de la poesía de Rojas, El sol es la única semilla, que tuvo lugar en Beijing hace unos días. Se trata de una elegante edición en tapas duras publicada por The Commercial Press , con 88 poemas ( algunos de ellos, como “Un bárbaro en el Asia”, escritos en Beijing) , con ilustraciones de Roberto Matta, el gran pintor chileno.

La carta, leída por la propia Catalina Rojas, hoy una traductora literaria radicada en Alemania, y que viajó especialmente a China para el evento, le dio una emotividad especial a la ocasión. El traductor de la obra, el profesor Zhao Zhenjiang, un prominente hispanista de la Universidad de Pekín, a su vez, recordó haber conocido a Rojas en 1965, en la segunda visita a China del poeta, y contó los desafíos de traducir a Rojas al chino mandarín. Más allá de las dificultades inherentes a traducir poesía, cabe añadir el carácter surrealista de los versos de Rojas, con expresiones abstractas cuyo sentido no es fácil de determinar ( “Prefiero traducir cinco poemas de Gabriela Mistral a traducir uno de Gonzalo Rojas. Es demasiado difícil”).

(Xinhuanet/Guo Mengyan)

Dada la relación que Rojas tuvo con China, donde no solo fue agregado cultural en la Embajada de Chile entre 1971 y 1972, sino que también la visitó en repetidas oportunidades anteriores, esta publicación corrige una importante omisión. Rojas no solo conocería al primer ministro Zhou Enlai, sino que también al Presidente Mao Zedong, con quien Rojas tuvo una larga conversación sobre poesía y teoría literaria en abril de 1959, en su primera visita a estas tierras. En esa conversación, Mao le dice a Rojas, “ Pensar que su hermosa lengua, nació en una meseta tan pequeña de Castilla y sin embargo cobró unidad y genio hasta llegar a ser lo que es hoy. Nosotros tenemos un idioma mayor, y muchos, muchísimos dialectos, lo que constituye un problema desde el punto de vista de la comunicación y la unidad literaria”. Mao también le preguntó sobre sus preferencias en materia de métrica, señalando que él, Mao, prefería el verso medido al libre.

Nacido en el pueblo sureño de Lebu, hijo de un minero que murió al tener Rojas apenas cuatro años, dejando a una viuda con ocho hijos, la vida y trayectoria de Rojas tiene paralelos con las de otros grandes poetas chilenos—hijos de familias humildes, de provincia, que surgen a partir de un enorme talento literario y dominio del castellano, remontando no solo de la provincia que los vio nacer, sino que de su propio país, haciéndose de una reputación y un reconocimiento internacional, y combinando el oficio de poeta con actividades académicas y diplomáticas.

Después de estudiar Derecho en la Universidad de Chile y abandonarlo por los de Literatura, y una vida ambulante por su país, Rojas se asentó en los cincuenta como catedrático de literatura en la Universidad de Concepción, enseñando teoría literaria y ejerciendo una enorme influencia en su país y en América Latina. Convocó a simposios literarios con lo más granado de los escritores de la América morena, y más de alguno de ellos señalaría después que el boom literario de la región, que surge en los sesenta, se originó en alguna medida en estos encuentros.

Para algunos, Rojas y Nicanor Parra, otro de nuestros vates ( ya con 103 años cumplidos, vivito y coleando, y una colección de cuya poesía, El último apaga la luz, acaba de ser publicada) hacen de enlace, de eslabón entre los que sientan las bases de la gran tradición poética de Chile, como Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Vicente Huidobro, con generaciones posteriores, como Jorge Teillier, Raúl Zurita, Oscar Hahn y Enrique Lihn. Para Julio Cortázar, Rojas “le devuelve a la poesía tantas cosas que le habían quitado”.

Curiosamente, sin embargo, y a diferencia de muchos de sus colegas, Rojas durante la primera parte de su vida tuvo una producción escasa—al llegar a los 60 años apenas había publicado tres libros—La miseria del hombre en 1948, Contra la muerte en 1964, y en 1977, Oscuro. De hecho hay una anécdota muy reveladora de Rojas con Neruda sobre esto : estaban en una comida, por allá por 1960, y un amigo de ambos, le pregunta a Neruda, “Qué cree Usted de la poesía de Gonzalo Rojas?”, y el amigo va al otro extremo de la mesa y le dice a Rojas : “Neruda opina que no eres un mal poeta, pero que escribes poquitico”. Y Rojas le respondió . “Y dile a Neruda que es un genio, pero que escribe demasiadito”.

Rojas es considerado un poeta muy innovador, con un fuerte énfasis en la poesía lírica y un erotismo, algunos dirían, bastante osado. Por otra parte, uno los leitmotivs de su obra es el del contrapunto entre la vida y la muerte, algo bien expresado en el título de una extensa biografía de su vida, El volcán y el sosiego de Fabienne Bradu (2016), que apunta a esa tensión entre sístole y diástole, entre acción y reposo, un tema recurrente en su obra.

Y como un volcán dormido, que finalmente erupciona, fue en las últimas décadas de su vida, parte importante de las cuales las pasó en su casona en Chillán, en el Sur de Chile, con una enorme cama china que decía que tenía tres siglos, en que comenzó a escribir y publicar poesía con gran vigor y en forma muy prolífica. Llegó así al medio centenar de obras, y a ser reconocido urbi et orbi— recibiendo el Premio Nacional de Literatura en Chile y el Premio Reina Sofía de España en 1992 ; el Premio José Hernández de Argentina y el Premio Octavio Paz de México en 1998 ; y el Premio Miguel de Cervantes, máximo galardón de las letras hispánicas, en 2003.

Y ahora, finalmente, parte de su poesía, tal vez inclasificable, pero siempre original y de gran fuerza, está a disposición del público lector chino.

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