
BEIJING, 9 ago (Xinhua) -- En la zona arqueológica de la antigua ciudad maya de Chichén Itzá, México, las pirámides y los templos de piedra siguen contando la historia de una civilización extraordinaria que floreció hace siglos.
Este sitio histórico, cuyos orígenes se remontan al siglo V d. C., fue escenario de un diálogo entre civilizaciones cuando el presidente de China, Xi Jinping, lo visitó hace más de una década durante su visita de Estado a México.
En junio de 2013, Xi y su esposa, Peng Liyuan, visitaron el sitio ubicado en la península mexicana de Yucatán, acompañados por el entonces presidente mexicano Enrique Peña Nieto y su esposa.
Mientras recorrían el complejo, que incluye la Pirámide de Kukulkán, el Gran Juego de Pelota y el Templo de los Guerreros, Xi escuchó atentamente las explicaciones sobre la historia y la cultura mayas.
Preguntó por el significado de los relieves tallados en las ruinas y mostró interés por las similitudes entre ciertos elementos de la cultura maya y las tradiciones chinas, como la imaginería relacionada con el dragón.
Ese encuentro reflejó una idea sencilla, pero profunda: las civilizaciones difieren en sus historias y tradiciones, pero pueden aprender unas de otras y enriquecerse mutuamente a través del diálogo y el respeto recíproco.
"Las diferentes culturas y civilizaciones, conservando su singularidad, deben tolerarse y coexistir entre sí con una mentalidad abierta para lograr el desarrollo y la prosperidad comunes", afirmó Xi.
A lo largo de los años, el presidente chino siempre ha llamado a buscar la sabiduría y a extraer fortalezas de las diferentes civilizaciones, mientras se aúnan esfuerzos con otros para abordar los retos comunes de la humanidad.
"Hay una perspectiva más amplia que el mar, y es el cielo. Hay una perspectiva más amplia que el cielo, y es el alma humana", expresó Xi, citando al célebre escritor francés Victor Hugo, durante su histórico discurso en 2014 en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en París. "En efecto, necesitamos una mentalidad más amplia que el cielo para aproximarnos a las distintas civilizaciones", señaló.

La visita a Chichén Itzá fue un ejemplo de la visión más amplia de Xi sobre los intercambios entre civilizaciones. En París, Xi compartió ejemplos del aprendizaje mutuo entre las civilizaciones oriental y occidental.
"Los cuatro grandes inventos de China: el papel, la pólvora, la imprenta de tipos móviles y la brújula, impulsaron cambios en el mundo, incluido el Renacimiento europeo. La filosofía, la literatura, la medicina, la seda, la porcelana y el té de China llegaron a Occidente y pasaron a formar parte de la vida cotidiana de la gente", recordó.
Estos ejemplos demuestran que los intercambios entre civilizaciones no son un proceso unidireccional, sino una fuente de progreso impulsada por el aprendizaje mutuo.
"Estoy profundamente convencido de que se requiere una actitud de igualdad y modestia para comprender verdaderamente las diversas civilizaciones", reflexionó.
"Una actitud condescendiente hacia una civilización no permite apreciar su esencia y puede incluso generar antagonismo. Tanto la historia como la realidad demuestran que la arrogancia y el prejuicio son los dos mayores obstáculos para los intercambios y el aprendizaje mutuo entre civilizaciones", afirmó.
Esta concepción también se ha visto reflejada en los viajes diplomáticos de Xi por todo el mundo, donde los encuentros con culturas distintas se han convertido en un componente importante de sus visitas.
En Trinidad y Tobago, Xi tocó los tambores metálicos junto con músicos locales. En Fiyi, escuchó cantos indígenas vestido en una camisa tradicional Bula. En Uzbekistán, visitó la antigua ciudad de Bujará, conocida como el "fósil viviente de la Ruta de la Seda".
En Bujará, el respeto de Xi por las tradiciones locales dejó una huella profunda en Anvar Kurbanov, un maestro artesano de esta antigua urbe.
"Todavía recuerdo al presidente Xi observando con mucha atención las artesanías expuestas. Pude sentir su deseo sincero de comprender y respetar nuestra cultura", rememoró Kurbanov, al recordar la visita de Xi a la ciudad en 2016. "Desde esa visita, cada vez más turistas chinos vienen a Bujará", reveló el maestro.
En los últimos años, China ha intensificado sus esfuerzos para fomentar un mayor entendimiento y aprecio mutuo entre las distintas civilizaciones. Ha organizado programas de intercambio cultural y turístico, realizado investigaciones arqueológicas conjuntas y promovido la traducción de obras clásicas con países como Rusia o Egipto.
También ha acogido la Conferencia sobre el Diálogo de las Civilizaciones Asiáticas y el Diálogo sobre Intercambios y Aprendizaje Mutuo entre Civilizaciones, y ha propuesto la Iniciativa para la Civilización Global, con el fin de aportar la sabiduría china al fortalecimiento de los intercambios y el aprendizaje mutuo entre civilizaciones.
En diversos encuentros internacionales, Xi ha expuesto los principios de armonía en la diversidad, la inclusión y el aprendizaje mutuo, subrayando que cada país tiene derecho a elegir una vía de desarrollo adecuada a sus propias condiciones nacionales y a las necesidades de su pueblo.
"He enfatizado con frecuencia que la meta de China es ser una gran nación que aprende. Debemos evitar la complacencia y la arrogancia. Por el contrario, debemos ser modestos y humildes, estudiar con ahínco y mejorar constantemente nuestras capacidades", afirmó Xi en un discurso en el Consejo Indio de Asuntos Mundiales en Nueva Delhi, la India, en 2014.
"Es precisamente este espíritu de aprendizaje, caracterizado por la humildad y la inclusión, lo que ha permitido a la nación china progresar continuamente durante miles de años", agregó.
