NANCHANG, 13 jul (Xinhua) -- Dentro del Instituto Imperial de Hornos de Jingdezhen, hileras interminables de gabinetes metálicos grises albergan miles de cajones transparentes repletos de antiguos trozos cerámicos. Juntos, conforman el primer banco genético de cerámica antigua del mundo: una base de datos que, como si fueran ADN, almacena fragmentos de este material.
Jingdezhen, en el este de China, lo ha producido durante más de 1.700 años. Bajo las famosas obras maestras de la ciudad, conocida como la "capital de la porcelana", yacen capas de varios metros de espesor con fragmentos rotos: cerámicas imperiales defectuosas y productos populares dañados. Hasta la fecha, se han desenterrado cerca de 20 millones de trozos de sus profundos depósitos arqueológicos.
Su Instituto Imperial de Hornos, junto con la Universidad Tsinghua, el Instituto de Cerámica de Shanghai de la Academia de Ciencias de China y otros colaboradores, ha creado el banco genético para recopilar datos de las piezas.
El banco ofrece una biblioteca estandarizada de muestras físicas y un marco de datos unificado para apoyar la verificación internacional y la investigación académica. Sus datos abarcan la forma, la decoración, el material, el esmalte, el color, las marcas de cocción y las inscripciones.
BANCO GENÉTICO PARA CERÁMICA
Para convertirse en una muestra genética, cada una de las pequeñas piezas se limpia y se corta en cuatro formas físicas: fragmentos, secciones transversales, láminas finas y polvo. Se utiliza microscopía electrónica de barrido en la tarea de examinar estas muestras preparadas.
Extraer un gen significa identificar características esenciales, explicó Tong Yuting, empleado del Instituto Imperial de Hornos. "En el caso de la porcelana azul y blanca, no solo observamos las piezas de color perfecto. También recolectamos trozos con tonos más pálidos, tonalidades más oscuras o incluso manchas de moho, ya que todas estas variaciones se consideran características distintivas", detalló.
Al reunir un espectro tan amplio de variaciones cromáticas, los investigadores construyen una completa tabla de colores para dicha porcelana. Analizar estas particularidades les lleva a reconstruir la composición del pigmento de cobalto, las proporciones de las fórmulas y las técnicas de cocción de los antiguos artesanos, con lo cual cada una de las muestras se convierte en una ventana a los métodos históricos de producción.
La base de datos contiene actualmente más de un millón de registros genéticos de 12.000 especímenes distribuidos en 3.000 conjuntos. Para su procesamiento, manejo y conservación, se cuenta con el respaldo de un sistema estandarizado, lo que brinda un contexto de referencia empleado en su datación y verificación.
Maria Mayer, curadora del Museo Medeiros e Almeida en Portugal, estudia un grupo de porcelanas azules y blancas de la dinastía Ming (1368-1644) con escudos de armas portugueses. "El banco genético ofrece una base científica y sistemática para clasificar los materiales cerámicos, lo que me ayudará a descubrir la historia del intercambio cultural que hay detrás de esta colección", comentó.
Xin Wenyuan, investigadora del Museo Británico, señaló que numerosas colecciones extranjeras se han datado y clasificado tradicionalmente solo por su estilo. "La secuencia arqueológica y los datos técnicos del yacimiento del horno imperial nos proporcionan una base de comparación más fiable", confirmó. Gracias al banco, los estudios de cerámica occidentales pueden pasar de una "apreciación de los productos terminados" al análisis de materiales, tecnología y sistemas de fabricación.
Xin añadió que el notable banco permite a los expertos observar las distintas etapas de producción, que abarcan la composición del esmalte, los métodos de recorte, el control de la temperatura de cocción e incluso la eliminación de los restos.
"Me fijé en un patrón de ramas y flores en un fragmento de un cuenco azul y blanco con esmalte que se asemeja bastante a piezas de nuestra colección y a las del naufragio del Desaru del siglo XIX. Es como un juego de memoria en el que una decoración conecta toda la cadena: producción, transporte, consumo y colección del museo", recordó.
Los datos también son útiles para la restauración. Recientemente, los especialistas reconstruyeron dos grandes tinajas decoradas con dragones, procedentes de la dinastía Ming, a partir de 16.000 trozos, una tarea que antes se consideraba imposible. Los algoritmos de inteligencia artificial procesaron los datos genéticos de cada pequeño resto para indicar las secuencias de montaje correctas, devolviendo así la vida a las reliquias.
COLABORACIÓN GLOBAL EN LA INVESTIGACIÓN CERÁMICA
El banco también ha establecido un marco colaborativo y estandarizado que impulsa la investigación disciplinar a nivel mundial.
"En inglés, la cerámica se divide en loza, gres y porcelana", explicó Li Baoping, investigador honorario de la Universidad de Oxford. "En chino, solo existen dos categorías: tao (alfarería) y ci (porcelana)". Esta diferencia ha generado confusión en los estudios transfronterizos durante mucho tiempo.
China busca ahora superar tal brecha. Basándose en el banco, el Instituto Imperial de Hornos de Jingdezhen está elaborando la norma ISO TC349, cuyo propósito es la caracterización científica de la cerámica antigua, una propuesta que ya se ha presentado y se encuentra en proceso de votación en la Organización Internacional de Normalización (ISO).
"Los datos estandarizados se convertirán en un lenguaje investigativo más aceptado internacionalmente", afirmó Weng Yanjun, director del instituto. "Antes era difícil describir con precisión qué era exactamente el rubí vidriado o el rojo caupí. En el futuro, podremos usar valores precisos del banco genético para describirlos y recrearlos con exactitud", destacó.
La colaboración internacional se amplía rápidamente. En octubre de 2023, el instituto inauguró la Sociedad Internacional de Estudios Cerámicos, que ya ha celebrado dos congresos académicos con la participación de 89 instituciones y más de 200 investigadores de 22 países y regiones. En diciembre de 2024 se formó su comité asesor, que congrega a reconocidos expertos de China y el resto del mundo.
En junio de 2025 se lanzó la revista científica semestral Journal of International Ceramic Studies, la única del mundo publicada en inglés en este campo, coeditada por Elsevier Publishing Group y China Science Publishing & Media Ltd. Sus dos primeros números han incluido 25 artículos de 26 instituciones líderes de 14 países y regiones.
El instituto también está elaborando un Mapa Interactivo Mundial de Cerámica, que conecta colecciones situadas en todos los continentes. Al hacer clic en cualquiera de sus coordenadas, los usuarios podrán ver artefactos locales, sus lugares de fabricación y las rutas de distribución globales. De este modo, archivos dispersos se transformarán en una historia vinculada.
"Jingdezhen ocupa una posición privilegiada, ya que puede servir como fuente primaria de datos empíricos y como centro neurálgico para la cooperación internacional", evaluó Teresa Canepa, miembro del Consejo de la Sociedad de Cerámica Oriental del Reino Unido, quien tiene previsto integrar sus décadas de investigación sobre cerámica de naufragios en el sistema de gestión del mapa.
"Cuando recopilemos todos estos datos y hagamos clic en algún sitio de Oriente Medio o Europa y veamos enlaces a los hornos de Jingdezhen, la Ciudad Prohibida, el Palacio Topkapi o el Museo Guimet, la gente quedará impresionada por las historias y memorias entrelazadas que emergen", anticipó Weng. La plataforma tiene como objetivo reunir más de 10.000 puntos de datos y completar su estructura para finales de 2026, al tiempo que se espera un progreso significativo entre los próximos tres a cinco años.
Hoy en día, la valiosa información cultural del recurso es accesible al público, lo que inspira a los amantes de la cerámica de todo el planeta. Estos fragmentos narran historias y posibilitan un nuevo puente entre la ciencia moderna y las civilizaciones antiguas.













