Por Carina López y Ricardo Montoya
MÉXICO, 12 jul (Xinhua) -- Cientos de danzantes ataviados con coloridas máscaras monumentales recorren cada año las calles del municipio de Sahuayo, en el occidental estado mexicano de Michoacán, para dar vida a la tradicional danza de los tlahualiles.
Esa manifestación cultural, que combina historia, creatividad artesanal e identidad comunitaria, subsiste gracias al resguardo de familias locales que han transmitido el legado por generaciones.
Entre ellas destaca la labor de Francisco Javier Guerrero Barajas, artesano y danzante de la segunda generación del Grupo Guerrero, fundado en 1952 por su padre y su tío.
Desde principios de la década de 1980, Guerrero asumió la responsabilidad de mantener viva la danza de los tlahualiles, al dedicarse a la elaboración artesanal de este tipo de máscaras, elaboradas a mano con papel maché y adornadas con espejos, cuentas de colores y penachos de plumas que pueden alcanzar hasta los dos metros de altura.
De acuerdo con el artesano mexicano, la indumentaria está inspirada en diseños simbólicos que representan protección, fuerza y espiritualidad, y evocan a antiguos guerreros que se preparan para una batalla.
Para asegurar la preservación de esos elementos, Guerrero transmite los conocimientos a las nuevas generaciones, a quienes enseña desde el modelado estructural hasta las técnicas de fijación de ornamentos, así como el armado de los pesados penachos a hijos y familiares.
"Yo salía con los hermanos de mi mamá, que eran danzantes tlahualiles, y mi mamá me apoyó mucho tiempo en hacer las cosas y ayudarme a pintar la pluma. Ella se preocupó mucho para que quedara esta tradición. Ahora tengo dos hijos que tienen sus propios grupos y dos de mis sobrinos que también están en esto", dijo a Xinhua el artesano mexicano.
La festividad de los tlahualiles, que se celebra cada año durante julio y en la cual participan los danzantes, constituye un pilar fundamental para la preservación de la identidad, las raíces y los orígenes culturales de Sahuayo.
La relevancia de esa manifestación cultural, explicó Guerrero, se refleja en la evolución del número de colectivos participantes, que ha crecido desde 1980, cuando se registraba la presencia de entre 14 y 15 agrupaciones, y ahora alcanza 143.
"Esto de los tlahualiles es precisamente preservar esa identidad que tenemos, nuestras raíces, nuestra cultura, nuestros orígenes y eso nos ha llevado a seguir haciendo este tipo de actividades, no solamente el danzar, sino promover culturalmente nuestras tradiciones en muchos lugares", destacó.
Ante la necesidad de salvaguardar esta costumbre, se pretende lograr el reconocimiento de la Unesco para declararla como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Pese a que el proyecto se encuentra en las etapas iniciales y requiere de un exhaustivo proceso de recopilación documental, las organizaciones locales de los tlahualiles ya han formalizado la solicitud, primer paso para la protección internacional del legado histórico.
"La idea de eso es preservar y que esto quede grabado como algo totalmente original y originario de Sahuayo", agregó Guerrero.
En la actualidad, la familia Guerrero centra sus esfuerzos en preservar y difundir esa tradición con la realización de conferencias y una activa labor de divulgación pública orientada a dar a conocer los orígenes históricos y la esencia de la festividad.
De esa manera, la danza de los tlahualiles trasciende como un símbolo vivo de la identidad de Sahuayo, donde el esfuerzo generacional de familias como los Guerrero y la confección artesanal de las monumentales máscaras sostienen esta festividad tradicional, consolidada como un pilar patrimonial para el occidente de México.












