Comentario: Doble moral de la Unión Europea sobre Groenlandia y Venezuela expone tendón de aquiles en autonomía estratégica | Spanish.xinhuanet.com

Comentario: Doble moral de la Unión Europea sobre Groenlandia y Venezuela expone tendón de aquiles en autonomía estratégica

spanish.news.cn| 2026-01-08 18:17:45|
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BRUSELAS, 8 ene (Xinhua) -- Las recientes reacciones opuestas desde Bruselas a dos cuestiones relacionadas con EE. UU. como la creciente presión sobre Groenlandia y el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, evidencian un mal más profundo en la política exterior de Europa: La Unión Europea (UE) abandera el derecho internacional cuando sus intereses se ven amenazados por acciones de EE. UU., pero guarda un silencio abrumador cuando el propio Washington rompe esos principios en cualquier otro lugar del mundo.

Esta inconsistencia revela el avance limitado de Europa en alcanzar la "autonomía estratégica" que con frecuencia reivindica.

A raíz de estos acontecimientos, la portavoz de la Comisión Europea, Anitta Hipper, ofreció respuestas claramente contradictorias durante su conferencia de prensa del lunes.

Preguntada por la cuestión de Groenlandia, dijo que la UE "defenderá los principios de soberanía nacional, integridad territorial, la inviolabilidad de las fronteras y la Carta de la ONU", calificándolos como "principios universales" que la UE "no dejará de defender". Sin embargo, cuando las preguntas fueron sobre la legalidad de la operación estadounidense en Venezuela, Hipper puso reparos, declarando solamente que "como los hechos acaban de suceder, es demasiado pronto para estudiarlos y determinar todas las implicaciones en términos legales".

Parece que Europa sabe cómo defender los principios solo cuando no pueda ofender a Washington. Sin embargo, este posicionamiento pusilánime contrasta notablemente con la reacción generalizada de la opinión pública europea, dado que medios y académicos europeos han tachado sin ambages la incursión de EE. UU. en Venezuela como "ilegal", "imperialista" y que rompe con las mismas normas que sostienen el orden internacional creado tras la Segunda Guerra Mundial.

Como alertó el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Turk, "esta intervención militar, contraviniendo la soberanía venezolana y la Carta de la ONU, daña la arquitectura de seguridad internacional, haciendo que todos y cada uno de los países sean menos seguros".

Europa puede comprender la ley, pero sus instituciones no están dispuestas a reconocerla. Y ahí reside el mayor de los problemas: el derecho internacional no ejerce su autoridad con base a una aplicación selectiva.

Como afirmó la Declaración sobre los Principios del Derecho Internacional de las Naciones Unidas de 1970, estas normas son de aplicación "igual para todos los Estados, sin distinciones". Cuando Europa invoca principios legales solamente cuando sus propios intereses están en juego, o sus fronteras amenazadas, se debilita la universalidad misma que otorga su fuerza a esos fundamentos.

Esto no solamente es una cuestión de inconsistencia moral, sino que también resulta en vulnerabilidad estratégica. Un continente que depende tanto de las garantías de seguridad de Washington no puede confrontar la realidad de que EE. UU. puede, en ocasiones, ser el mismísimo actor que erosiona las normas que dice defender la propia UE. Es solo cuando la presión se traslada directamente a la UE cuando Bruselas vuelve a descubrir su vocabulario legal.

Este patrón es crecientemente insostenible y peligroso. En Washington, la doctrina Monroe asiste a un renacimiento, con el presidente estadounidense, Donald Trump, declarando que Venezuela no será el último sitio en padecer el intervencionismo de Estados Unidos. Su retórica ha virado ya hacia Groenlandia, sugiriendo que el enclave del Ártico podría no ser el último territorio europeo en sentir el peso del alcance geopolítico de Estados Unidos.

El derecho internacional protege a los Estados no solo conteniendo a los adversarios, sino imponiendo límites sobre todos los países, apuntalando de esta forma la estabilidad y la paz global. Si la UE pretende reducir su propia vulnerabilidad, incluso cuando las acciones de un aliado chocan contra sus propios intereses, debe defender estas normas con independencia de quién las vulnere.

Después de todo, la autonomía estratégica es imposible sin una determinación para defender los principios universales en todo momento y bajo cualquier circunstancia. 

 

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