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ESPECIAL: Artesano mexicano mantiene vivo el milenario oficio de labrar las piedras

spanish.news.cn| 2025-02-28 05:32:15|
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Por Carina López y Pool Contreras

MÉXICO, 27 feb (Xinhua) -- Cuando tenía tan solo ocho años de edad, don Emilio Noguez Mendoza tuvo su primer contacto con el milenario oficio de labrar las piedras, al observar a sus abuelos con gran admiración levantar una iglesia en el centro de México.

"Mis abuelos terminaron una iglesia allá en mi pueblo (Jilotepec, estado de México, en la zona centro del país) y yo los admiraba a ellos cuando yo estaba chiquito, tenía ocho años. Me gustó mucho y luego mis tíos también fueron canteros allá", recordó don Emilio en entrevista con Xinhua.

A sus 86 años, este destacado artesano mexicano ha dedicado casi toda su vida a perfeccionar y preservar el noble arte de la cantería.

Se trata un oficio tradicional que aunque enfrenta el riesgo de desaparecer debido al desinterés de las nuevas generaciones, ha sido clave en la historia y arquitectura de México, ya que su legado se refleja en las imponentes estructuras de pirámides, esculturas y templos que aún hoy podemos admirar.

La cantería en México posee una rica tradición que se remonta a las antiguas civilizaciones prehispánicas.

Mayas, aztecas o zapotecas emplearon la piedra en sus majestuosas construcciones no solo como material de edificación, sino como un medio para expresar una cosmovisión, su identidad y su cultural, así como una extraordinaria destreza artística.

A los 15 años, don Emilio emprendió un viaje a la Ciudad de México con la firme determinación de aprender el arte de la cantería, una disciplina con la que se sentía profundamente conectado, aunque sus hermanos querían que él trabajara en el campo.

Fue entonces cuando su primo, Ángel Noguez, creyó en su talento y le transmitió todo su conocimiento sobre el arte de labrar la piedra para crear piezas únicas que reflejan las tradiciones, las costumbres y la cosmovisión de todo un pueblo.

A los 20 años de edad, don Emilio todavía no había concluido su educación básica, pero la cantería lo impulsó a hacerlo, pues ahí aprendió a utilizar escalas, sacar medidas y a hacer presupuestos para ofrecer su trabajo de manera integral.

"Una satisfacción muy importante porque nunca quedé mal en ningún lado y yo hago los trabajos con amor, hasta los sueño. Me dan los planos, las escalas y si no entiendo, hasta sueño cómo tengo que hacer las cosas", expresó.

Con el paso del tiempo, el talento de este destacado mexicano fue evidente en cada obra a la que acudía, por lo que recibió pedidos de empresarios, políticos, altos mandos del Ejército y hasta de expresidentes de México.

La calma y la perseverancia han sido parte fundamental del éxito de don Emilio, pues su cincel y maceta lo han acompañado durante más de siete décadas a donde quiera que se encuentre.

En la actualidad, dedica cuatro horas diarias a materializar sus ideas, tiempo en el que identifica algunos errores en las piezas y los corrige hasta alcanzar la perfección.

"Lo que hago, lo hago con mucha voluntad y me gusta hacerlo. No me fastidio", expresó este octogenario personaje, quien invierte hasta un mes en cada una de sus obras.

Al igual que la cantería, a don Emilio le apasiona la cultura mexicana y cómo se expresa a través del arte, por lo que conserva con cariño revistas y libros sobre la historia de México, en la que se inspira para replicar piezas prehispánicas, imágenes religiosas y hasta utensilios de cocina tradicional como los molcajetes, un mortero de Mesoamérica utilizado de forma amplia en la cocina tradicional mexicana.

Para dar los toques finales a sus impresionantes obras, el talentoso artesano ha elegido construir él mismo sus herramientas con piezas de automóviles y diversos materiales a su alcance, los cuales adapta para optimizar su trabajo.

Don Emilio hizo de la cantería una forma de vida, pues con ella logró educar y sustentar a sus ocho hijos, quienes hoy en día se sienten orgullosos de la huella que ha dejado su padre en la cultura artesanal de México.

"Es un trabajo que no cualquiera lo hace. Ya es muy difícil encontrar a una persona que realice ese trabajo. Es una satisfacción muy bonita", expresó a Xinhua la hija del maestro entrevistado, Estela Noguez Reséndiz.

Para Estela, la vida de su padre ha sido un ejemplo de perseverancia, pues desde que era muy joven y ahora a pesar de su avanzada edad, no se ha dado por vencido y sigue manteniendo viva su pasión por este arte.

Lamenta, sin embargo, que este oficio se esté perdiendo poco a poco por la falta de interés de las nuevas generaciones y la escasez de formación adecuada en el área. 

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